Los fantasmas del Museo se enamoran de Martín Garzo (2007/01/30)

Los fantasmas del Museo se enamoran de Martín Garzo 

Nosotros, los fantasmas del Museo de Cádiz, nos dirigimos respetuosamente a los promotores de la Asociación Qultura en relación con lo siguiente. El 16 de enero estuvo aquí D. Gustavo Martín Garzo dando una charla sobre los monjes lectores de Zurbarán. Habló de que la pintura, según Apollinaire, es “materia encantada”, y planteó toda su disertación como una analogía entre los monjes cartujos y el silencio y el ensimismamiento de la lectura y la escritura. Es Zurbarán el pintor por antonomasia del silencio, y también el pintor en quien mejor se aúnan la mística y la materia. Pinta el misterio de lo próximo prestando una delicadísima atención a los instantes resplandecientes de la vida cotidiana: esos hábitos de paño táctil, esas páginas de libro sostenido por manos pacíficas y rostros en sombra, emanan, como dijo María Zambrano, “luz del alba”, un candor que etimológicamente se relaciona con lo que arde y con lo blanco. Fuego blanco, emanación sagrada (secreta) de la llama, concentración en una actividad que es placer y esfuerzo, cercanía de lo remoto (lo que se lee) y lejanía de lo cercano (no existe el mundo). Por un instante se suspende el tiempo. Un monje o un lector estudioso son como un niño absorto en su juego. Un monje, como un lector o un escritor, está tocando con los ojos la soledad del corazón. Piel de deleitosa soledad son las páginas del libro, blancas como una espera, expectantes como una alcoba nupcial. Decía Octavio Paz que la poesía es “la otra voz”, la que dice en silencio la verdad de lo que somos. Así el silencio de los monjes de Zurbarán, así la memoria de un verso amado. Ha leído mucho Martín Garzo, sabe muchas historias: la del “Velo negro” de N. Hawthorne, donde un pastor de repente da en la manía de presentarse ante los fieles siempre con el rostro celado por un velo negro, de modo que la comunidad lo va rehuyendo y él enloquece: es el velo la metáfora de la incomunicación que sume al hombre en la oscuridad. La de “La página en blanco”, de Isak Dinesen, que según una sabia anciana es la que contiene el cuento más dulce, alegre y cruel. O el relato judío según el cual algún día Dios revelará lo que dicen los espacios en blanco de la Torah. Nosotros, los fantasmas del Museo, reclamamos la presencia del Sr. Martín Garzo porque, como decía Keats, “lo hermoso es alegría para siempre. Su encanto se acrecienta y nunca vuelve a la nada”. Olvidados por un instante de dar sustos y hacer el gamberro, nos hemos sentido envueltos en un halo numinoso de hermosura y bondad. Como si de algún modo fuésemos benéficas sombras blancas de Zurbarán en el Museo.

Diario de Cádiz, martes 30 de enero de 2007, pág. 16