Lírica bienvenida a un pantalón vaquero (2007/10/02)

LÍRICA BIENVENIDA A UN PANTALÓN VAQUERO

Frente a la barraca de Juanito se concentran los pubertosos. Muy cerca un anuncio asegura a criaturas como éstas que “Si te sienta bien el vaquero tampoco importa mucho el tema de la conversación”. Filosofía de consumo y feromona. Con ella no se va muy lejos. Bueno, se va al otro lado de la acera, donde la misma marca asevera que “Las mejores fotos de la noche son las que no se enseñan” (quizá ya sin pantalón). Empieza el curso universitario y una siente una difusa ternura estrictamente unilateral, casi como un reflejo de supervivencia pedagógica. Vienen los alumnos de primero de carrera (los nuestros son cada vez menos) con esos ojos pétreos que enmascaran el susto o el respeto. Apenas son más que niños, pero visto de otro modo son, o deberían ser, los supervivientes de tanta vacua tontería. Al fin y al cabo a la Facultad de Filosofía y Letras se va para aprender a conversar, al margen de cómo siente la ropa. ¿Lo sabrán ellos? Hay quienes, en una ciudad depauperada como Cádiz, siempre fueron conscientes de que habían escapado al agujero negro de un barrio de paro, subsidio y droga. Hay quienes están aquí porque heredaron las ambiciones de unos padres que no pudieron estudiar o que sí que estudiaron (intimida saberse la proyección de un sueño ajeno). Hay quienes vuelven a estudiar después de haber recorrido atajos que no llevaron a ninguna parte. Hay quienes vienen precisamente cuando todo es mucho más difícil (con trabajo, hijos, hipotecas). Quienes después de la jubilación disfrutan como nunca imaginaron de un regreso a las aulas. Y muchos Erasmus rosas y dorados que no se sabe si vienen a veranear, del mismo modo que muchos aborígenes, aquí en las aulas, realmente hibernan. El primer día de clase se dan muchas instrucciones pero al final este año no he leído el “Saludo del alba” de Juan Ramón Jiménez. Tal vez porque el curso pasado hubo quien, considerándose cliente de la Universidad, pretendía que el profesor hiciera lo que al alumno (“que siempre tiene razón”) le viniese en gana. Hay estudiantes que parecen pedir a gritos una colleja. Pero entonces una, que se sabe un fósil, suspira y, por si acaso, se resigna a hablar dulcemente con un pantalón vaquero: “¡Cuida bien de este día! Este día es la vida, la esencia misma de la vida. En su leve transcurso se encierran todas las realidades y todas las variedades de tu existencia: el goce de crecer, la gloria de la acción y el esplendor de la hermosura. El día de ayer no es sino un sueño y el de mañana es sólo una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. ¡Cuida bien, pues, de este día!”.

                                      Diario de Cádiz, martes 2 de octubre de 2007, pág. 19