Las palabras extranjeras (2007/09/18)

LAS PALABRAS EXTRANJERAS

Media septiembre y al pasear por la playa da la impresión de que se espesa la soledad. El aire es una campana de silencio. Bate el mar con su respiración acompasada y lenta. Voy por la orilla con la cabeza deshilada en planes y recuerdos. En casa me esperan los exámenes. ¿Podré aprobar esta vez a Manoli? (Manoli tiene dos niños. Es modesta y dulce). ¿Se habrá dignado a estudiar Bárbara? (Bárbara es simpática y tiene mucho morro). Tengo que buscar ese capítulo donde Punset resume de manera tan clara lo que han dicho psiquiatras y psicólogos sobre la creatividad. Brilla el mar como si emanase luz. Celeste. Metálica. Oleosa. Cuando me muera, ¿qué imágenes desfilarán ante mis ojos? El cascabeleo en los sauces de miles de chicharras y el aire tórrido de China, mientras humean las varitas de incienso en un templo budista. Qué intensamente inútil es el deseo de estar en otra parte, de llevar otra vida. Estoy leyendo un libro muy bello en una traducción espantosa (no creo que el español se hable así ni siquiera en Sudamérica). Se titula Las palabras extranjeras (Buenos Aires, Editorial del Estante, 2006) y es de Vassilis Alexakis, un griego emigrado a París que escribe en francés. Trata de él mismo: un escritor en la crisis de los cuarenta que acaba de perder a su padre y, llevado de la fascinación infantil por Tarzán, concibe la idea de aprender un idioma de África. Elige el sango, la lengua de la República Centroafricana. A medida que lee su gramática y su diccionario va redescubriendo el placer de jugar a hacer frases. En una lengua extraña, sin memoria personal, los enunciados más íntimos se distancian. “Mi padre ha muerto” (“Baba ti mbi a kui”) no duele lo mismo dicho en sango. Alexakis descubre la  ingenuidad de las onomatopeyas: “kutukutu”, coche; “kekereke” (como el “kikirikí” del gallo), mañana. Es otra organización del mundo: los centroafricanos no “tienen” sino que “están con”: “a yeke na de” (estar con el frío). El autor del diccionario tiene que inventar la lengua: si “be” es corazón y “senda” es ciencia, “senda-be” será cardiología. El mundo moderno les inunda a través del inglés (y eso que se escolarizan en francés): “buku” (libro), “kombuta” (computadora, ordenador). Alexakis empieza a darse cuenta de la cantidad de africanos que lo rodean. Pienso en los vendedores ambulantes del Paseo Marítimo. “Sólo tenemos esta lengua. Si muere, estamos perdidos. Sólo ella sabe quiénes somos, nos lo recuerda cada mañana”. “Pupulengue”: mariposa. “Ngu ti Nzapa” es la lluvia (el agua de Dios). Las olas que rompen mansamente traen una nostalgia que viene de muy lejos.

Diario de Cádiz, martes 18 de septiembre de 2007, pág. 14