Las olas del Pay-Pay (2007/04/03)

LAS OLAS DEL PAY-PAY

            Me gusta el Pay-Pay porque su penumbra cómplice y su magnético escenario tienen un regusto a cuando, siendo mucho más joven, el mundo era desafío pero también promesa y maravilla. Ahora se ha inaugurado un salón con ventana al teatro romano y fotos del viejo puticlub: retratos de aquellas reinonas de la carne opulentas, divinas, peligrosas o francamente surrealistas, como esa familia sicalíptica (matrimonio y cuñada) que posa como una trinidad genital. El miércoles pasado se presentaron allí, al son del laúd y las canciones de la soprano marroquí Samira Kadiri, cuatro nuevas entregas de los pliegos de poesía “Siete Mares”, que dirige Mercedes Escolano y patrocina la Diputación. Carmen Moreno, con su voz de reciente ex niña muy cortada, lee “Que lo imposible vuelva de pronto a ser posible/ como lo es el tiempo inacabado que pugna/ por dormir esta noche entre tu boca y mi voz./ (…) Que mi dolor no llegue nunca a molestar tu ausencia. / Puede ser terrible el desconsuelo del que anhela/ el anverso de la calle, el reverso de tu alma” (Agua y sal). José Manuel Benítez Ariza, taciturno esmerado o británico putativo, escoge un playero “Paraíso nudista” donde la dulce trivialidad da paso a la reflexión paradójica: “La piel, en ocasiones, es el más/ denso de los vestidos, el que oculta/ mejor lo que uno cela de los otros./ Hay quien, desnudo, ofrece a las miradas/ ajenas su compacta opacidad,/ …lo que normalmente ocultan, flores/ o signos de un extraño abecedario”. Juan José Téllez, que ha llegado tarde pero ha llegado (por no hacer mudanza en su costumbre), hace balance de un amor maduro: “Era cálida a menudo y viajaba por mis horas/ como un bajel errante por el océano de sus tinieblas./ Qué noche la de sus labios, qué patria la de su gozo./ A su lado el reloj del día marcaba tres mil años./ Ella venía de la luz y de los pájaros,/ del tiempo de las lilas,/ en donde la noche no siempre fue silencio”. Cerró Mercedes Escolano, exultante en su modalidad de irónica feliz, con su Fascinación del Atlántico, muy sintomáticamente identificada con “Pío Baroja junto al mar”: “No soy hombre de acción./ Me limito a mirar/ el movimiento humano, su continuo vaivén./ Soy un hombre indolente/ junto al mar./ El mar me ha modelado./ …y me tiene a sus pies/ como un amante dócil./ Cuento historias de barcos./ Se lleva el mar en las venas./ Se nace con él/ y uno tarda toda la vida/ en escupirlo”. En la cálida noche del Pay-Pay uno se siente inmerso en un vientre amistoso, gratamente sustraído por un rato del agujero negro de la vida, de la loca vorágine de la galaxia. Que ya es decir.

Diario de Cádiz, martes 3 de abril de 2007, pág.