La rama dorada (2007/01/02)

LA RAMA DORADA

Suena el móvil y abro un mensaje que manda mi prima Mamen: “Os deseamos que la rosa de los vientos que une nuestros destinos se forje en una dirección con un solo sentimiento: paz, salud y buena voluntad para todos. Feliz Navidad. Rufino y familia”. Me quedo estupefacta: no ya por la plantilla de felicitación (estoy sudando almíbar), sino porque no conocemos a Rufino y familia (Mamen se olvidó de borrarlos). De todos modos, me siento obligada a corresponder. Queridos Rufino y familia: un modo de renacer en Navidad es perderse en la naturaleza, y os invitamos a compartirla con nosotros en Cazorla. No hay piaras de jabalíes, no temáis (hay poca gente y no hay basura comestible a pie de hotel). Merece la pena apuntarse a la excursiones en 4×4 (agencia TurisNat). Los zorros salvajes salen al paso del coche para comer en la mano. El guía Manuel los llama “Antonio Banderas”, por la película. Con él aprendemos que los líquenes o “pelusas” que crecen en los pinos laricios se vareaban como la aceituna, se recogían en balas y se utilizaban en la industria cosmética para laca y fijadores. Juan Pedro nos enseña un fósil de ammonites camino del barranco del Chorro, prueba de que aquello en la prehistoria fue un mar. Nos cuenta que los buitres son bulímicos (comen lo que pueden y lo vomitan si están en peligro para poder alzar el vuelo); que las ciervas comen ruda para abortar si el año es malo y peligra su vida; que esas protuberancias en los árboles, como nidos gigantes, se llaman agallas: cuando el árbol se ve atacado por algún cuerpo extraño, se defiende aislándolo en esa excoriación (de ahí la frase “tener agallas”, muy ajena a los peces). También nos lleva a los tejos milenarios por una ladera alfombrada de nieve en polvo. Los tejos, sagrados entre los celtas, son venenosos: de ellos se extraía un mejunje con que se untaban las flechas y su madera, dura y flexible, era ideal para los mejores arcos. Parece que no se puede datar su edad por los anillos del tronco (no tienen). Al lado hay una encina con muérdago en las ramas. El muérdago no es una trepadora parásita que suba desde abajo, como la hiedra. No. Los pájaros comen las bayas blancas del muérdago y, como son indigestas, las vomitan. Las semillas, protegidas en el centro de la pulpa pegajosa, pueden caer entre las ramas de un árbol, donde se forma directamente la planta que cantó Virgilio, que pintó Turner, que explicó sir James George Frazer: una rama dorada. Queridos Rufino y Mamen: bajo la rama dorada del muérdago, símbolo de la restauración de la familia y el hogar, recibid el beso profundo de nuestra familia, y de Manuel y Juan Pedro. (Ahora sí estamos en paz).

Diario de Cádiz, martes 2 de enero de 2007, pág. 16