La juventud, ja, ja… (2006/10/14)

LA JUVENTUD, JA, JA…

            La semana pasada celebramos en Cádiz el I Encuentro de Jóvenes Creadores, patrocinado por la Delegación Provincial de Cultura y la UCA. Mi amiga Amalia, que no pudo venir, me propone reflexionar sobre el hecho de que antes era la edad la que confería sabiduría y los jóvenes aprendían de los mayores, mientras que ahora parece que es al revés. No sé, no sé. Como profesora tengo la impresión de que la juventud es cada vez más frágil: aumentan los alumnos universitarios con anorexia, depresión, ansiedad o simplemente incapacidad para asumir la responsabilidad, el esfuerzo y el fracaso. También crece el número de quienes no terminan los estudios, bien porque el planteamiento de las titulaciones, sumado a su falta de preparación, los desmotiva cada vez más, bien porque se les cruza la maldición de los malos hábitos y compañías.

Los jóvenes que pasaron por el aulario de La Bomba la semana pasada son casos especiales: había niños prodigio, como las poetas Miriam Reyes o Elena Medel, cuya calidad artística tiene que ver con una sensibilidad peculiar casi siempre asociada, antes o después, al dolor. Pero al margen de la superdotación natural, todos comparten una insólita capacidad de trabajo, una curiosidad, tenacidad e inteligencia poco comunes. Había quien, como Óscar Sipán, decidió dedicarse a su vocación literaria tras un accidente de tráfico que pudo ser mortal. O quien, como el humorista gráfico Melchor Prats (Mel), decidió abandonar su carrera de Física antes de que le impidiese dedicarse a dibujar. O quien, como el bailarín y coreógrafo Pablo Fornell, no acudió a la selectividad por ir a una prueba de danza, dejando colgado un futuro de matemático con Audi para mayor horror de sus padres. O quien, como Regina Corrales y Guillermo Márquez, han hecho la concesión de estudiar una carrera pero saben que, cuando la terminen, empezará la dificultad de vivir dedicándose al teatro. O quien, como Marwan, con su sueldo de profesor de gimnasia va a pagarse su primer disco de cantautor. No. No es fácil ser joven y tener aspiraciones, aunque haya jóvenes insólitos, voluntariosos y audaces, con mucho que ofrecer. Pero éstos de la cancioncilla sesentayochista son los menos: la juventud no suele saber lo que quiere, ni tampoco a dónde (ni cómo se) va.

Por lo demás, la vida humana, como decía Cunqueiro, es una mañana de pájaros. Un corte de pelo radical, un pantalón deshilachado o un vocabulario minimalista no nos convierte en jóvenes: sólo en carne marchita de un mercado fugaz. Nadie regala pasado, ni futuro. Lo seguro –cantaba François Villon- es que “le temps s´en va!”.

Diario de Cádiz, martes 14 de octubre de 2006, pág. 18