La Dama de Cádiz (Apócrifa gaditana 2, A Pilar Paz) (2004/12/21)

LA DAMA DE CÁDIZ (Apócrifa gaditana, nº 2)

Muy conocida en Cádiz es la historia de Pelayo Quintero Atauri, el arqueólogo que encontró en 1887, en la Punta de la Vaca, un sarcófago antropoide masculino datado en el siglo V a.C. Quintero estaba convencido de que el sarcófago debía tener pareja, y se pasó gran parte de su vida buscándola en vano. Lo sorprendente es que casi un siglo después, en 1980, apareció un sarcófago femenino justo en el solar donde se había alzado su propia casa (hoy, calle Parlamento).

Pasaba D. Pelayo por hombre raro, tal vez masón, y quizá por ello lo destinaran a Tetuán, cuyo Museo Arqueológico dirigió desde 1940 hasta su muerte en el 46. De sus rarezas queda alguna constancia en el libro Textos lapidarios (1990), donde se reproduce una carta en que le confía a un tal “M. A.” los extraños sueños que empezó a tener, siempre en su quinta, y que nunca llegó a identificar como premonitorios. En ellos unas veces veía a una dama en el jardín en actitud oferente. Otras, asistía a las pompas fúnebres de aquella mujer, que enfermó de tristeza cuando su esposo tomó nueva favorita. Lo que no se atrevió D. Pelayo a confesar a su corresponsal es que también había empezado a oír voces. Primero fue la dama la que un día, quemando hojas de laurel ante sus dioses en el sueño del jardín, murmuraba en voz baja: “Aprende a estar tan sola que hasta tu sombra misma/ apetezca librarse. Sé tú la compañera/ de tus pasos, de modo que llegues a las cosas/ siempre como el que llega de una tierra extranjera…”. Luego su voz grave comenzó a hablarle cuando estaba despierto: “La casa es como un pájaro/ prisionero en sí mismo,/ (…)/ ¿No me siente por dentro/ removerme? /… Casa nuestra, mi casa…”. Don Pelayo echó una rápida ojeada a su alrededor, y sintió un escalofrío en medio del silencio. A partir de aquí le dio la impresión de que a veces la voz le poseía. En los anales de la Real Academia Hispanoamericana, de la que fue presidente, figura un comentario que hizo en una sesión: “Hoy he sabido ver la historia de otro modo/ porque al fin he sabido que no existen historias/ sino un instante único en el que somos todos/ creados, aunque no lo entendáis, al mismo tiempo”. Tal vez de aquí proceda su fama más extravagante.

La escritora Pilar Paz Pasamar cuenta que un día, estando en el Museo frente al sarcófago de la Dama, se le ocurrió de repente el poema que empieza “Ahora te sé, pues te recuerdo./ -Saber es recordar, según el griego-…”. Me pregunto qué más puede saber de todo esto Pilar, desde hoy hija adoptiva de Cádiz y, desde hace mucho tiempo, vecina predilecta. Por cierto, no hace demasiado se mudó a la calle Dama de Cádiz, perpendicular a Parlamento.

Diario de Cádiz, martes 21 de diciembre de 2004