Huesos de Santo para Agatha Christie (2005/11/01) (Ideas para novela negra)

          Estos días de Tenorio y difuntos invitan a un convite de crímenes fantasmas, casi  como un surtido de buñuelos de viento con que Diario de Cádiz obsequia a sus lectores. 1) EL CONGOJOSO CASO DEL FONO-BABY. Cuentan que esos aparatos que venden para escuchar desde lejos a los bebés pueden tener interferencias, de modo que uno, en vez de percibir la tranquila respiración o el llanto furioso de su criatura, puede ser oyente casual de agrias intimidades. O escuchar cosas más siniestras aún, sin saber quién habla, a quién agrede, dónde. 2) PÁNICO EN LA AZOTEA. Un miércoles anodino sube un turista a la cámara oscura de la Torre Tavira para ver Cádiz desde lo alto. Es temporada baja: sólo están la guía y él. La guía recita la descripción del panorama con distraído cansancio. Su puntero señala ahora una iglesia, pero el turista sigue con la vista fija en una azotea donde una mujer está tendiendo mientras un hombre llega por detrás, la estrangula y la arroja por un patio de luces. Es todo muy rápido, y cuando el turista, atónito, levanta la mirada buscando compartir su horror con la guía, ella sigue hablando medio ausente, la pantalla ha rotado unos grados y las ropas flamean por igual en todas las azoteas, idénticas entre sí en medio del bosque de antenas, palomas y soledad. 3) LA BIBLIOTECA CARNÍVORA. En el sótano de mi Facultad yacen los fondos bibliográficos muertos. Están en unas estanterías correderas pensadas para aprovechar bien el espacio. De pared a pared sólo hay practicable un pasillo a la vez, y uno elige cuál quiere abrir accionando una manivela que separa dos módulos mientras se cierran (se unen) herméticamente los demás. Un joven baja a buscar un libro raro, sobre sectas cristianas heréticas (adamitas, husitas, taboritas…). Elige el pasillo y se adentra hasta el fondo. El libro debe de estar en una de las estanterías inferiores. Hay poca luz y los volúmenes están bastante desordenados, colocados del derecho y del revés. El muchacho está agachándose para sentarse en el suelo y en el preciso momento en que el cuerpo tiene menos estabilidad las estanterías que lo rodean se cierran rápidamente y lo emparedan. No se sabe si un golpe lo dejó inconsciente, si pudo resistirse, si gritó más o menos. La biblioteca estaba a punto de cerrar y quizá no lo oyó nadie. El papel absorbe los sonidos. Al día siguiente comenzaba un largo puente. Los asesinos usan zapatos con suela de goma. En el carnet de lectura de la víctima se leía “Jorge de Vicente Guilloto”. Desde luego, a estas alturas resulta extravagante interesarse por los taboritas. Tan joven. Y era día de fútbol. (Quién lo entiende).

                                         Diario de Cádiz, martes 1 de noviembre de 2005, pág. 25