Homenaje a Jorge Paz Pasamar (2008/02/19)

HOMENAJE A JORGE PAZ

El sábado 22 tuvo lugar en Ciencias de la Educación un homenaje a Jorge Paz Pasamar, recién jubilado. En cálido ambiente se glosaron las virtudes de un profesor enamorado de su oficio. A veces es providente el azar, pues, como expuso él con gracia, por casualidad cursó Magisterio (su padre tenía una Academia) y entró en principio en la Universidad (para sustituir a su inseparable Adolfo González). Los dados acertaron el destino idóneo para una persona curiosa, comunicativa, bien humorada y cordialmente irónica, que supo hacer de sus clases un placer compartido y de Cádiz su pasión investigadora (la obra de Quiñones, el habla popular, las coplas de carnaval). Para Jorge y su mujer, Mercedes, colegas y amigos, vaya un poema que sumo al número que le dedica la revista Tavira. “EZEQUIEL SE JUBILA”: “Febrero sobre el mar. Florece la retama./ Es intenso el aroma de algas por el aire/ y es dulce deslizarse por las horas/ ya sin obligación, sin angustia, sin prisa./ Todo invita a vivir, buen Ezequiel,/ ahora que te jubilas./  No más clases, no más noches en vela,/ sofocos, madrugones, la aburrida/ lucha con la conciencia/ (“¿Qué hago yo con Bernarda?”)/ Eres un hombre libre./ (O acaso un agraciado liberto del sistema.)/ Porque ahora, Ezequiel, ya jubilado,/ ves caer a tus pies/ los telones del tiempo. Como si de repente/ cumplieras a la vez toda una vida./ Cómo explicar tu nostalgia divina,/ maestro Pigmalión,/ de modelar alumnos a hechura de los dioses./ La aurora eran los ojos remisos y hasta ausentes/ que un buen día dejaron de estar lejos,/ y tú viste el instante/ en que nacía el sol de un interés,/ una luz, un calor./ (En la docencia de las humanidades/ son rosados aún los dedos de Eos,/ la diosa de la Aurora.)/ Cómo darles las gracias a tantos estudiantes/  que te han ido ayudando, año tras año,/ a remontar gustoso el río de la vida./ Ahora, Ezequiel, convendría este brindis:/  “Por vosotros, muchachos y muchachas,/ mis alumnos./ Y por vuestros ojos/ que no es que me miraran:/ es que me sostuvieron día a día./ Por el precioso don de vuestra primavera./ Qué rápido pasasteis./ Miro el cielo de noche, y aún creo que me guiñan/ en medio de lo oscuro,/ vuestros amables ojos, dorados como estrellas”.

Diario de Cádiz, martes 19 de febrero de 2008, pág. 16