Grandes regatas (2006/08/01)

GRANDES REGATAS

            De la primera gran regata, la del 92, recuerdo el puerto por la noche: la densa oscuridad, las moles oscilantes de casi treinta grandes veleros, las luces que engalanaban los barcos, la masa humana pululando en la tiniebla del muelle, la murga carnavalesca del Capitán Miranda (vibraban sus tambores en el bajo vientre), las muchachitas de Cádiz pavoneándose ante los guardiamarinas más inteligibles (los mejicanos del Cuauhtemoc, los italianos del Amerigo Vespucci), los rusos que sobre una manta andaban vendiéndolo todo, unos árabes bailando en círculo al son de gaitas (sí: gaitas)… Puro romanticismo del que añoraba Baroja: cuando vivir en una ciudad portuaria era reguindarse en un balcón que daba al mundo.

De la segunda gran regata, la del 2000, recuerdo la salida desde el arrecife de la Caleta, en marea baja, divisando muy lejos el balneario de la Palma y a ambos lados los castillos de San Felipe y Santa Catalina, mientras se alejaban las velas blancas del común, las velas cruzadas del Sagres, las velas verdes del Von Humboldt… Era como si hubiera retrocedido el tiempo y uno asistiera a una cabalgata pacífica de Trafalgar.

De la regata de este año conservo tres imágenes. Entre el bosque naval de palos empavesados (engalanados con banderas), coincidiendo con la entrada a toda vela del Europa, la Patrulla Águila (siete aviones CASA de fabricación nacional) haciendo por el aire la bandada de pájaros, el surtidor de hierro, el bocadillo suicida, y, al final, con las estelas, la bandera de España. La noria no diré Millenium de Londres, pero sí Lustrum de Cádiz. Y el Palacio de Congresos, donde ahora mismo se expone la colección Hércules (permanente pero nunca así mostrada), y tres delegaciones de galerías de arte. En la de IslhAbitada, mis ojos se quedan con las cuatro sirenas homérico-déco de Lita Mora y un ramo de claveles Costus; en la de Benot, con la nueva transparencia marina de Carmen Bustamante y la delicadísima maleza metálica de Evelyn Hellenschmidt; y en la de Milagros Delicado, con una foto de Mª Ángeles Díaz Barbado (escaleras y bóveda del Hospital de Mujeres) y un óleo amarillo limón de Gerardo Delgado. Está la antigua fábrica de tabaco tan bonita que parece cosmópolis, la capital del mundo chic. Souvenirs: la antología Poemas del mar preparada por Josefina Junquera (edición no venal de la Autoridad Portuaria), y un broche de plata (joyería Collantes) que reproduce la silueta rupestre de un barco prehistórico. Sí, realmente, hace ya mucho que nuestras vidas son los ríos que van a dar al mar, la mar, el mar, sólo la mar…

Diario de Cádiz, martes 1 de agosto de 2006, pág. 13