Gestionar (con Ge de Agallas) (2006/01/24)

GESTIONAR (CON GE DE AGALLAS)

Es Cádiz una isla sin apenas término municipal y conviene no olvidarlo si queremos salir de una vez de nuestra (graciosa, ocurrente, histórica, etcétera) pobreza.

Comparecía el jueves pasado, en el programa de Onda Luz que dirige José Ángel Bermejo, el presidente de la Autoridad Portuaria de Cádiz, Rafael Barra. Lo hacía para defender la expansión de las instalaciones del puerto, a todas luces imprescindible. (Añadamos de paso que ojalá adquiriesen medio dedo de frente los que de vez en cuando claman por la supresión de la verja para que el área portuaria “se integre” en la ciudad, sin percatarse de que el trabajo en el muelle entraña peligro, los paseantes estorban y un puerto comercial no es un parque bucólico-temático). Volviendo a la expansión del puerto, la supresión del embarcadero del club Náutico es una pérdida porque los yates traen dinero. Cuando se remodeló el muelle pesquero se necesitó de la zona que albergaba a medio centenar de barquitos amarrados a boyas. Ante las protestas de los perjudicados, la Junta de Andalucía construyó lo que hoy llaman, por comparación con Puerto Sherry, “Puerto Churri”. Si a los dueños de aquellas embarcaciones se les hizo caso, no veo por qué hacer oídos sordos a los del Club Náutico: si el gobierno de la Junta de Andalucía los desoye por considerarlos señoritos que no pertenecen a la clientela política natural del PSOE, está mostrando su cortedad de miras y falta de interés por el desarrollo de Cádiz. Son muchas las voces que se preguntan por qué no se convierte todo el frente que va de Puerto Churri a Puntales (una franja de unos dos kilómetros) en una gran zona de atraque bien acondicionada (con instalaciones modernas, vigilancia y mantenimiento), lo que podría generar un complejo del estilo de las marinas de Málaga y el Algarve portugués. (Esto reforzaría las pretensiones de Cádiz de convertirse en escala de grandes regatas y sede de otros eventos que en la dársena comercial suponen riesgo y molestia). Claro que las infraestructuras cuestan mucho dinero, pero los gestores públicos están para eso: esa “mendicidad institucional” es lo que entraña ostentar decentemente un cargo en zona pobre. Estamos muy aburridos de quienes se conforman con administrar la pobreza sin más ambición que figurar. Peor aún: estamos hartos de cargos que se sabotean entre sí por diferencias facciosas o políticas. Luego andamos llorando que se nos marcha la juventud a trabajar fuera. Ya va siendo hora de que nuestros próceres suden la camiseta, en vez de tanto rasgarse las vestiduras cuando llega el carnaval de las elecciones.

Diario de Cádiz, martes 24 de enero de 2006, pág. 20