Gerardo Diego, en Cádiz (2007/12/18)

GERARDO DIEGO EN CÁDIZ

A Elena Diego Marin

La semana pasada tuvo lugar en Cádiz un congreso sobre Gerardo Diego. Con este motivo estuvo su hija mayor en la ciudad a la que el poeta dedicó parte de El Jándalo (1964). La feliz memoria de Elena Diego revivió ante nosotros el calor del poeta del 27. En 1947 Diego fue elegido miembro de la RAE. Recluido junto a Elena porque padecían erisipela, la nombró su secretaria y así fue como ella descubrió, al apuntar a los que enviaban telegramas de felicitación (“todos esos pájaros azules”), que su padre era un señor importante, cosa que jamás sospechara. El discurso de ingreso (1948) estuvo dedicado a una estrofa de Lope. Elena la ha encontrado transcrita en una carta muy anterior que Gerardo escribió a su esposa Germaine cuando eran novios. A Gerardo le gustaba jugar con el eco, y en ese juego, compartido un día con Óscar Esplá, se inspira “El eco de Ramales” (Mi Santander, mi cuna, mi palabra, 1961): “En la peña de Ramales/ -vertical corte de tabla-/ esconde el Eco su fabla./ -Habla.// ¿Soy yo ése, el mismo Diego/ que en la roca choca ciego?/ -Ego”… Tenía la familia una criada a la que adoraba, Generosa, que inspiró a Gerardo una décima. Un día le dedicó una conferencia e invitó a su lírica protagonista. Allí estaba ella, en primera fila, radiante de felicidad, convertida en poema: “Tras regateo sabroso/ has traído de la plaza/ -azul con pecas de raza-/ un ollocántaro hermoso…”. A veces el tímido Diego entraba en catatónico mutismo. Más de un disgusto le costó a Germaine tener invitados uno de esos días en que Gerardo no abría la boca. Otras veces, encerrado en casa, iba pasillo arriba y abajo con las manos a la espalda como cuando paseaba por el campo. Hace años volvía Diego de Argentina vía Cádiz: “Ya el cobre sucio del Plata/ va perdiendo tierra y sangre./ Ya hay azul en mar y cielo,/ blanco en espumas y adioses./ Volver a Cádiz”. Homenajeaba a Falla en la Catedral (“Aquí están sus huesos mínimos./ Pesan una Atlántida./ La música de Dios/ descendió sobre las aguas”), y a Alberti (“Puerto de Santa María./ El Puerto de Rafael./ Todo pregunta por él./ Si volvía”). Ahora nos ha vuelto Gerardo vía Elena, y con ellos, “enhiesto surtidor de sombra y sueño”, la mejor poesía.

Diario de Cádiz, martes 18 de diciembre de 2007, pág. 15