Gaudeamus igitur (2004/11/02)

GAUDEAMUS IGITUR

A partir del cuento de los pícaros que venden la nada a precio de oro gracias a la cobardía de una sociedad víctima de sus intereses creados, Cervantes satirizaba en su Retablo de las Maravillas el miedo a la ilegitimidad y la sangre judía, y Boadella se ríe en el suyo del arte de vanguardia, la cocina de autor, los políticos y los curas. Yo añadiría la universidad, donde los alumnos compran un título que apenas significa nada, pero cómo denunciarlo sin que nos tilden de fachas clasistas y selectivos.

El universitario de carrera se mueve entre la docencia, la investigación y la gestión. Como la docencia al profesor se le sobreentiende (igual que el valor al soldado), en general se tiende a reducir las clases, para muchos la actividad más tediosa y menos prestigiosa y lucrativa. Los alumnos vienen cada vez más ignorantes por el pésimo nivel de la E.S.O. y el bachiller, y pueden salir con la misma prístina ignorancia. ¿Razones? Muchas. Por ejemplo, la deficiencia del profesorado, debido a que los medios de selección del mismo últimamente no han garantizado su calidad. Clases se dan cada vez menos. En Cádiz es frecuente que alumnos y profesores lleguen al tácito acuerdo de tomar pre y postvacaciones. Luego está la docencia no presencial y el aula virtual, potencial nomenclatura del escaqueo. Con los planes de estudios que fragmentan la carrera en docenas de microasignaturas, ha cundido la sustitución del examen global por trabajillos puntuales elaborados de cualquier manera. Luego, el sistema de taifas provinciales ha propiciado que los planes de estudios se perfilen en torno a los intereses de la plantilla de un departamento, sin atender a la preparación objetivamente idónea del alumnado. Como si, en literatura española, en vez de estudiar a Cervantes se estudiase a Corín Tellado porque quien lo imparte es experto en subliteratura. Además, las microasignaturas no se diseñan buscando completar una formación suficiente: se improvisan sin coordinación, de modo que una promoción puede saberlo todo de un clavo y nada de mecánica. Da lo mismo que cambiemos de planes y lo hagamos a mejor: hechas las excepciones de rigor, serán los mismos perros con distintos collares. Y como a un funcionario no lo echa ni Dios (salvo que asesine a un alumno, y aún así habría que ver, dado el espíritu corporativo), la esperanza de sanear el gremio es escasa.

Si Boadella no incluyó a la universidad en su sátira la razón es obvia: no somos importantes y ni siquiera graciosos. Con las excepciones de rigor, el mundo de la creación artística, científica y tecnológica se desarrolla fuera de la universidad. Pero ha de constar que somos la octava maravilla del retablo.

                         Diario de Cádiz, martes 2 de noviembre de 2004, p. 18