Feria del Libro en Cádiz (2006/05/16)

                                       FERIA DEL LIBRO EN CÁDIZ

La Feria del Libro se organiza, con esfuerzo y tesón, para acercarlo a quienes lo desconocen o rehuyen y para presentar las novedades. A nuestra feria concurren algunas librerías y editoriales institucionales y muchos actos de presentación. Tantos que uno puede acabar tarumba. Pero siempre hay al menos dos personas que asisten a TODOS ellos: los libreros y mártires gaditanos Pepe Jaime y Juan Manuel Fernández. Dos momentos de sus vidas ejemplares, émulas de las de San Servando y San Germán.

Llegué tarde a la mesa redonda en honor de Juan Ramón Jiménez, a quien se dedicaba la Feria (con precioso cartel de Ajubel). Cuando entré había un poeta cubano que llevaba tiempo hablando y siguió mucho más todavía. En la mesa se veía al moderador, el profesor Pepe Jurado, anegado en sudor frío: su cortesía juvenil le impedía atajar la verborrea entre sesuda y anodina del venerable logorreico (está visto que en Cuba la medida de los actos la dan los discursos de Fidel). Mientras el sufrimiento del moderador se licuaba verdinoso a ojos vistas, el catedrático Manuel Ramos Ortega, tras haber quedado muy bien con su medida intervención, había entrado en estado de abducción machadiana (“mi corazón latía atónito y disperso”). Junto al cubano, la escritora Pilar Paz Pasamar enarcaba las cejas con educada incredulidad (“horror constrictor”) cada vez que aquel hombre pasaba una página. El taco de folios era infinito. Cuando al fin calló, le tocó cerrar a Pilar: habló, recitó, fue un placer, y respiramos. A las mil, una Aida Agraso extenuada se las ingeniaba para resumir tres horas de asfixia en tres líneas inteligibles. Y Pepe Jaime ha adquirido una nueva expresión: “cubanizar” un acto (creo que se imaginan en qué consiste). En otra concurrida presentación, cuando uno de los poetas, con voz y mirada que querían ser hipnóticas, remató el enésimo poema, que terminaba diciendo: “Búscame, búscame…”, un móvil dejó oír su sintonía hortera y estridente. Juan Manuel Fernández, a mi lado, humanizó su perfil de esfinge y observó: “Pues parece que le están buscando. ¿Te imaginas si dijeran: Fulano, para ti?”. Ataque de risa floja. La persona humana se adapta al medio más adverso (historia del humor).

Una recomendación: El montañés de la esquina, de Venancio González. Cuenta con gracia y amenidad la epopeya de los chicucos que venían a los ultramarinos, trabajaban como animales, dormían bajo el mostrador y, siempre pensando en el futuro, no gastaban un céntimo. Conmovedor y real. Best-seller de la UCA. No se lo pierdan.

Diario de Cádiz, martes 16 de mayo de 2006, pág. 14