Esto es Cádiz (2007/08/21)

ESTO ES CÁDIZ

 Querido Apolinar: te escribo desde esta maravillosa ciudad meridional –la más antigua de Occidente- donde veraneamos. Por la mañana nos dirigimos sin prisa a la playa -ora de La Caleta, ora de La Victoria-. Da gusto ver a la gente leyendo en sus tumbonas el Libro de la mansedumbre, de Antonio Colinas, Viajes con Heródoto, de Ryszard Kapuscinsky, o Freakonomics, de Levitt & Dubner. Los aborígenes departen sobre el imaginario de Mercedes Escolano, conservacionismo y globalización, plutocracia demócrata, el diálogo urbanístico puerto-ciudad, o sobre si coleccionan los Clásicos de la Filosofía que regalan con el Diario de Cádiz o los Haikus y Poemas Aforísticos del Mundo Mundial que da algún otro periódico. Los jóvenes discuten sobre si el chochonismo ilustrado de los pintores Costus no es en verdad una forma lúdicocastiza del neopop, y los que no tienen ganas de charlar escuchan con sus i-Pods música postsimbolista. La gente anda desnuda (pero con protección solar) como si fuera una palestra griega. Los poetas miran los dorados cuerpos ensoñadoramente mientras reflexionan. La gente normal reflexiona mientras mira los cuerpos dorados. Los niños se introducen en el agua con grácil majestuosidad, sin salpicar nada. Los adolescentes, conscientes de que les aguarda el futuro, leen sin pausa la Enciclopedia Británica (es éste un puerto de tradición ilustrada). No hay realmente policía local, sino una patrulla de Educación para la Ciudadanía que a veces se dirige a un distinguido señor y le reconviene amablemente: “No debe llamar usted GORDI a su cónyuge, buen hombre”. “Es que mi Manoli, lo que se dice gorda, lo está”. “Ya, ya, pero llámela Manuelísima o Remanoli, no vaya a crearle un trauma de género”. O bien intervienen en medio de los achuchones que le da una abuela a su nieta (“¡Chichi, qué bonita eres, japuta!”), y la abuela comprende que lo que quería verbalizar era sencillamente “Chari, bonita, te quiero”, que es lo mismo pero no da igual. Aquí son famosos los carnavales, y hemos podido asistir a un concurso de epigramas en latín vulgar en el ágora del Mentidero. Por la tarde está el ciclo de música barroca para flauta dulce en las callejuelas del barrio del Pópulo (talmente Praga), donde encuentras a los militantes de los diferentes partidos confraternizando en el ciclo COPICHUELA Y PELILLOS A LA MAR. Hay barbacoas nocturnas, pero no te escandalices: aquí se come carne de animales suicidados. Ya tarde nos recogemos en medio del perfume de los galanes de noche. Qué quieres que te diga, Poli: esto es muy selecto y aquí hay que mamar.

Diario de Cádiz, martes 21 de agosto de 2007, pág. 13