Essex, c´est moi (Robos patrimoniales) (2005/09/13)

ESSEX, C´EST MOI”

          Cuando Cádiz era rico centro comercial se convirtió en objeto de deseo de los piratas, de ahí que en 1596 fuera asaltada por el conde de Essex, cuyas tropas saquearon la ciudad tan concienzudamente que se llevaron hasta los pomos de las puertas. Hoy no hace falta que vuelvan los ingleses: al conde lo tenemos aquí, detrás de los robos impunes que pasan desapercibidos por desidia o ignorancia del valor de lo robado.

Me contaron del curioso caso de las revistas antiguas del Casino Gaditano, que a veces mostraban páginas recortadas (alguien que había decidido no molestarse en copiar un artículo) y páginas ausentes (alguien que había decidido enmarcar una bonita ilustración de época). También, del archivo del Gobierno Militar o archivo menguante. Hay quien ha comprobado cómo desaparecen bienes inventariados de residencias oficiales cuando cambian de inquilinos: los ilustres salientes deciden llevarse de recuerdo ese coqueto reloj imperio o cualquier otro bibelot. Hubo un tiempo, asimismo, en que se aliviaba el Museo de Cádiz de piezas repetidas: total, la enésima lamparilla romana nunca se va a exponer y a fulano le hace feliz. Las últimas novedades tienen que ver con rehabilitaciones de edificios patrocinadas por entidades oficiales.

Hace tiempo me contaron del nº 35 de la calle Cánovas, actual sede de la Delegación de Cultura, de donde al parecer se habían llevado estupendas balaustradas de mármol de los balcones, que el contratista sustituyó por escayolas. Ahora me cuentan, y acabo de comprobarlo, del nº 16 de la calle Isabel la Católica. El zaguán de este inmueble tenía unos preciosos azulejos antiguos que han desaparecido misteriosamente, sustituidos por lo más hortera y barato que se despacha en azulejería en serie. El azulejo antiguo alcanza elevados precios en los anticuarios. Cádiz no los produjo pero sí los importó: de ahí que conserve maravillas, como los azulejos de Delft que se pueden ver en San Juan de Dios, en el convento de Santa María o en el Museo de la plaza Mina. El mismo amigo que espía el destino de los azulejos gaditanos y posee pruebas fehacientes, me cuenta de un anticuario en Lisboa que, aparte de surtirse abundantemente de azulejería en Cádiz, tiene una colección de 16.000 puertas antiguas, muchas de maderas nobles y procedentes también de esta ciudad.

En los carteles donde se anuncia la rehabilitación de edificios históricos debería poner: “El conde de Essex, c´est moi”. Y es que, querida Lulú, nos roban los azulejos, las barandillas, los aljibes, las puertas. A ver si te escribes una coplilla de carnaval.

Diario de Cádiz, martes 13 de septiembre de 2005, pág. 14