Espartaco en Mercadona (2006/04/18)

ESPARTACO EN MERCADONA

Querido Papá: a mis treinta y cinco años tengo que darte un notición: eres libre. No del todo, ojo, que no me voy de casa, pero sí en lo esencial: por fin tengo lo que se dice un trabajo. En resumen, me he vendido a Mercadona. Pedían un médico de empresa y me interesé por la plaza. Me sorprendió la enorme amabilidad del jefe de personal, que parecía felicísimo de verme por allí. A mí su sonrisa me resultó, no sé,  extraña, sobrenatural.¿Será esto un programa de cámara oculta? ¿Me habré muerto y estoy en el cielo ante un Ser que me ama, y no ante un psicólogo sieso que busca operarios dóciles para el taller, comerciales agresivos y azafatas selectivamente calentonas? (Jesús es seleccionador de personal y me cuenta estos matices). Es que somos tantos los médicos de familia que subsistimos con sustituciones de un día, una semana, Navidades, julio y agosto, con tal de no caer en el pozo de la privada, que no cuenta para las oposiciones del SAS… Pero bueno, me dije, pensando en positivo: también hay gente maja, existe la buena suerte, y yo SOY VALIOSO  (SOY VALIOSO, SOY VALIOSO, me repito concentrándome en mis respiraciones abdominales cuando me toca el yoga de autoestima). En la entrevista me enteré de las condiciones. Cobraré un salario bastante decente a cambio de trabajar doce horas al día de lunes a viernes y estar localizable los sábados para atender a quien sea donde, cuando y como sea. Las doce horas diarias y el sábado cautivo son tal cual, nada de horas extra. Una amiga me dice que eso es denunciable a la inspección de trabajo. Puede, pero paso. No quiero ser como el Willy, que no sé cuántos másters lleva hechos, cuántas becas de infrasueldo ha percibido en concepto de prácticas en empresa, y para nada. Tampoco me cambiaría por Teresa, que cursó Ciencias del Mar cuando ya el mercado laboral estaba saturado (hoy esa carrera ni existe), y mientras acompaña ancianos o hace caja en el Día se está sacando Derecho. Vane murió (era la del bar de copas, que cobraba mitad en euros, mitad en farlopa). Y no soy Pau, que como es rico por su casa puede seguir cualificándose, perfeccionando los siete idiomas que domina o satisfaciendo su vieja pasión por la Filología Eslava. A mí cuando Pau me habla de la búsqueda existencial de la Vocación Verdadera o me dan ganas de estrangularle o me da la risa floja. Porque es que estoy hasta los huevos (sin ánimo de faltar). Total, Papá, que ya eres el afortunado progenitor de un esclavo. Estoy tan contento que acabo de comprarme un esquijama de rayas. Para ir metiéndome en el papel, supongo.

Diario de Cádiz, martes 18 de abril de 2006, pág. 16