Era un suspiro lánguido y sonoro (2007/06/26)

ERA UN SUSPIRO LÁNGUIDO Y SONORO

(Homenaje playero a don Manuel Machado)

            … la voz del mar aquella tarde”. Vuelve el domingo de verano a Santa María del Mar. De ocho a nueve, hora del arleta. Es posible que Cádiz esté técnicamente en paro, pero hay que ver cómo crece el número de picaos de pierna inquieta. Nueve a diez: un perro es la excusa perfecta para charlar con el dueño de otro perro. Un señor me cuenta de cuando tenían un mastín que al dar las cinco iba motu proprio a buscar a los niños al colegio. También recogía con su boca enorme los huevos del corral. Jamás rompió ni uno. Yo llevo media hora escuchando estas proezas con una caca en la mano. Mi perro sólo sabe hacer eso: caca. De diez a once los niños cafrean por la orilla salpicando agua helada a mujeres blandas como medusas. De once a doce, comentarios de prensa y papel cuché. Un hombrecito carirredondo y dengue con toda la pinta de fondo de armario se regodea en las desgracias de la Pantoja como si a estas alturas a alguien le importase el pedorreo folclórico-urbanístico (“Gentuza”, dice la reina de la pandilla de la tercera edad, que acampa en la playa de 10:00 a 22:00 en silla plegable con sombrillita de niño). Un joven espiritual y cariacontecido se lamenta: “Vaya, ya consiguió la carcundia cerrar la parroquia de San Carlos Borromeo. La Iglesia no tiene arreglo: se va a morir de sobredosis de Legionarios de Cristo”. “Se va a morir, Manolo. A nosotros nos da igual y a Dios, ni te cuento”. Un padre de familia rodeado de ídem pontifica: “Ahora los etarras, en Ayamonte. Yo los quitaba del medio”. “Hombre, Paco, eso es terrorismo de Estado”. “Te hablo de un accidente. O a ver si a uno no se le va a poder cortar la digestión por ser vasco”. De una a dos, la birrita y la vendedora de piscolabis, más dicharachera que nunca: su niña se casa y ella va de madrina con un vestido rosa maquillaje divino de la muerte y que vale un pastón. Vestida de reina y en la catedral: hala, la vendedora de papas, mira por dónde. “Digo. No todo va a ser ahorrar para El Ocaso”. La parroquia jalea el rumbo y el arte. Dos a tres. Tapón en duchas y lavapiés (los instalan ya atascados). 16:00: insolación. Florecen pubertosos en la arena seca. “Me encantan los bikinis del Hopupu, pero me falta pecho”. “A mí me sobra culo”. Del fideo a la babeta cunde el topless, la nalga gaditana ha empezado a ignorar su incompatibilidad morfológica con el tanga brasileiro, y para untar crema con lúbrico esmero no hay que tener planes de boda. Lentamente va cayendo la tarde… “El día,/ no queriendo morir, con garras de oro/ de los acantilados se prendía…”. Y también el mirón casposillo, en su tendido de sol, como un carajillo de mar, tierno, familiar y repugnante.

Diario de Cádiz, martes 26 de junio de 2007, pág. 20