Elogio de la poesía (2008/03/25)

ELOGIO DE LA POESÍA

            Se celebraba el 21 de marzo, con la primavera, el día de la Poesía. “En el tiempo de la ignorancia, y aun después,/ la poesía nos habló de todo/ y se la sabían todos de memoria”, escribía Quiñones. Cierto. Abro la Teogonía de Hesíodo: “En primer lugar existió el Caos. Después Gea la de amplio pecho. Por último, Eros, el más hermoso de los dioses. Gea alumbró primero al estrellado Urano, con sus mismas proporciones, para que la contuviera por todas partes”. ¿Cómo podían saber esos hombres que en principio fue el Caos, y al cabo los cuerpos astrales, y la vida orgánica (Eros), y que el planeta Tierra generó una atmósfera que la contuviera? Abro el Génesis: “Al principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra estaba confusa y vacía y las tinieblas cubrían la haz del abismo, pero el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas. Dijo Dios: “Haya luz”. Y la separó de las tinieblas”. ¿Cómo pudieron saber aquellos hombres que la chispa orgánica brotó en las aguas, que el último de los animales fue el hombre, y que éste dejó el paraíso de la animalidad inocente cuando tuvo razón, lenguaje, conciencia del bien y el mal? Maravilla el viejo saber cifrado en los mitos y asombra que la poesía nos siga contando las más profundas verdades. Cojo un poema de Clara Janés (Barcelona, 1940), “Madre”: “Corta la madre el cordón umbilical/ mas no renuncia al vínculo./ Te empuja a la otredad/ pero desesperadamente bebe en tu vida/ pues en ella/ terrible/ y mutilada/ su entraña/ aún palpita./ ¡Qué deuda irreparable la del hijo!// Y sin embargo, a veces, al pasar/ la página del libro de los días,/ se rasga, fiera, el vientre,/ y te envuelve una vez más en su carne/ para que no te pierdas,/ para que no te mueras/ solo,/ como un náufrago abandonado al pánico/ en el inmenso océano”. Leo un poema de Julia Otxoa (San Sebastián, 1953): “Permanecer en la inquietud, permanecer en la inquietud, no quiero ser sorprendida. Apaciento mi sombra en los lugares más inseguros del pensamiento. Oigo crecer mi osamenta cada día, mi infancia no ha terminado”. Hierro decía que la gente no compra poesía pero le gusta escucharla: siempre fue medio de civilización, (auto)conocimiento, sabiduría. Instante del relámpago en la piedra.

Diario de Cádiz, martes 25 de marzo de 2008, pág. 17