Elogio (con suspiro) del turista de España (2004/12/14)

ELOGIO (CON SUSPIRO) DEL TURISTA DE ESPAÑA

     Dicen que el turismo es muy vulgar: lo chic es ser profundamente viajero. Pero cuando falta tiempo, dinero y talante uno se conforma (y aun se da con un canto en los dientes) con el turismo de a pie, que no será in pero es agradable, instructivo y a veces entre épico y surrealista.

El puente de la Inmaculada Constitución fuimos a Londres con uno de esos aviones que por treinta euros te dejan en las British Quimbambas (Stanted Airport). Lo que no te cuenta Ryanair es que, adquirido el billete con dos meses de antelación, pueden cambiarte el vuelo por otro que sale doce horas después, con lo que pierdes un ojo (un día) entero de puente. Tampoco sabes que el Eden Plaza Hotel funciona con un kit de recepcionistas que no se conocen entre sí y no dejan pistas en el ordenador, con lo que puede suceder que, de las habitaciones que pagaste, una haya desaparecido. Y al día siguiente desaparece la otra. Como en el Hogwarts de Harry Potter, más o menos.

Por fin, ojeroso y ahíto de desayuno (todo español que se precie es un saqueador de buffet), emprendes la olimpiada turística. Guía Anaya en mano (la mejor: clasifica radicalmente lo que hay que ver en imprescindible, de gran interés, nada –dos, uno, cero asteriscos-), te dispones a descubrir los secretos del metro (el medio de transporte más vulgar: o sea, el que te corresponde).

La primera sorpresa es comprobar que, vayas donde vayas, la mitad de la gente es española. ¿Te habrá timado Ryanair y esto es un parque temático manchego? Pues no: es el circuito turístico de Londres bajo las invencibles huestes católicas de la Inmaculada. Comentario de mi hija: las que parecen españolas, pero tienen estilo, siempre son italianas. (Lamentable, pero bastante cierto).

En España nos tira lo vulgar y no sólo a la plebe (piensen de Quevedo a Almodóvar pasando por Valle-Inclán). En el libro de visitas de la torre de Londres leemos en mayúsculas el castizo y sintético comentario de dos españoles: COJONUDO. En Gran Bretaña el humor tira más a ironía pragmática. Anuncio de condones en el metro: “Immaculate contraception”.

Bromas aparte, merece la pena ver el mundo incluso así, de turista de a pie, maltratado por las compañías de servicios, bien y mal acompañado por las hordas nacionales, con los gemelos de bronce de tanto patear y armados de Airtal o de Artrotec. Además, el mejor sitio para encontrar a un paisano es el extranjero. Con decir que en el inmenso Londres mi hijo vino a dar (mariana aparición de Puri en Covent Garden) ni más ni menos que con su seño in person… A los españoles nos tiran los refranes, pero qué verdad es (suspiro) que el mundo es un pañuelo. O un handkerchief.

Diario de Cádiz, martes 14 de diciembre de 2004, p. 24