El público incluso lee (O la importancia de llamarse Ernesto) (2007/07/24)

EL PÚBLICO INCLUSO LEE

(o la importancia de llamarse Ernesto)

            Estimado Señor Defensor del Pueblo Andaluz: usted me va a perdonar que servidor no sea un moro de patera ni un yonqui de La Línea, pero a cambio es un honesto boy especializado en divorcios que tiene que elevar una queja. Resulta que, aburrido de tele zafia y hasta de mis series favoritas (de forenses, máxime CSI Olvera), me dije: “Ernesto, o te culturizas para subir de caché o te mueres en eslip ahogado en gordas”. Voy, me informo y me conecto a un programa que se llama “El público incluso lee” donde se puede participar, lo que es muy motivante. Escribí, me escogieron (yo creo que me ayudó la novedad del oficio) y me pasé una semana leyendo una novela de un escritor intelestuá muy prestigioso. Me puse hasta las cejas de Red Bull para digerirla a tiempo. Luego me molesté en hacer una chuleta de preguntas casi inteligentes (con perdón). Total, me planto el día indicado en los estudios Channel Sú, me reciben unos adjuntos del programa muy amablemente y me congregan con una niña prodigio y uno que no entendí lo que era, así como pedorrillo pero en cultural. Nos preguntan entonces qué nos había parecido. Yo digo: “Es como muy lenta, ¿no? Vamos, que no pasa nada” (callé por educación mi impresentable y verdadero pensamiento: pedazo plomo para impresionar a la RAE). El de la emisora me mira condescendiente: “Sí, bueno, Ernesto, quieres decir que se nota que es una novela introspectiva, ¿no?”. No era eso, pero los amables nos explicaron lo que realmente queríamos decir y nos repartieron (dos por barba) sus preguntas. Llegó el momento de la grabación. Apareció el stupendo presentador, M. De Gorra, encantado de haberse conocido y nada sincronizado con la gente sencilla que incluso lee. Nos presentó a nosotros y al célebre, se lanzó a perorar por su cuenta, nos pisó las preguntas y me sentí muy mal porque cuando me llegó el turno ni supe qué cosa inquirir. Lo mismo la niña prodigio, rebajada a humana filfa. El pedorrillo, como Sarita Montiel, sacó morro, ahuecó mejillas y ensalivó el silencio: “Encuentro que es un tessto muy estructurado semántica y sintácticamente”. Al final el prestigioso, que parecía majete, nos firmó su bodrio archiculto con magnánima llaneza y yo volví a casa indignado porque es que no hay derecho: he leído un libro, he pensado horas enteras, me he preguntado de que y no he aprendido NADA. Y esto quería decirle yo, Muy Señor Defensor Mío: que ese programa se debería titular “M. De Gorra lee”, y no hacernos perder a los sencillos lo único que nos queda, que es el tiempo. Atentamente, le suplica y saluda éste que lo es, lector y boy, Ernesto.

Diario de Cádiz, martes 24 de julio de 2007, pág. 15