El poder y la gloria (2009/04/27)

EL PODER Y LA GLORIA

Quiere el escritor escalar la cumbre del Parnaso, pero nadie controla no ya la eternidad: ni siquiera el presente. Vengo de un congreso sobre José María Pemán. Ay, don José: no ha sido usted el único que en el ajedrez de la vida transformó su peón en reina para morder al fin el polvo del tablero. Vengo de una exposición de dibujos de Artaud, el del Teatro de la Crueldad. Pobre loco Antonin, que  retrataba a sus amigos clavándoles con desesperación el lápiz en el rostro. A veces un desecho se transforma en comodín dorado, sí, pero para qué. Releo “Borges y yo”: “Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición”. Hubo y hay tanta gente empeñada en dejarse la vida buscando sobrevivir en un libro. Releo el prólogo que escribió Cervantes para su “Persiles” poco antes de morir, el 19 de abril de 1616, sin haber conseguido entrar en la élite cultural de entonces. Finge un encuentro con un admirador: “A mí, que había visto en tan poco espacio el gran encomio de mis alabanzas, me pareció una descortesía no corresponder a ellas. Y así, abrazándole, le dije: ‘Ése es un error donde han caído muchos aficionados ignorantes. Yo, señor, soy Cervantes, pero no el regocijo de las musas, ni ninguna de las demás baratijas que ha dicho vuesa merced; vuelva a cobrar su burra y suba, y caminemos en buena conversación lo poco que nos falta de camino’”. Y termina: “¡Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!”. Día del Libro 2009. En La Casa Encendida de Madrid veo una foto (¿anónima?) de Nueva York: un viejo esquelético posado en la barra de una cafetería donde dan de comer gratis a gentes como él, combatientes que sobrevivieron a dos guerras mundiales para legar a la posteridad la imagen de un negro menesteroso con una enorme sonrisa. Y me acuerdo con Borges de un desconocido llamado don Miguel.

Diario de Cádiz, lunes 27 de abril de 2009, p. 9.