El país del miedo (2009/03/30)

EL PAÍS DEL MIEDO

            Últimamente almuerzo en el vertedero de Alcalá de Guadaira, viendo cómo revuelven basura en busca del cadáver de Marta del Castillo. Me pregunto si este tipo de cobertura mediática realmente conforta a la familia. Si al final no será una manera barata y desaprensiva de rellenar telediarios a costa de una desgracia. Todos los días alguien te cuenta las especulaciones que sobre el asesino se formulan en docenas de radiotertulias y telebaboseos. Francamente, no creo que a nadie beneficien esos culebrones sobre las perversas estrategias de un presunto asesino que tiene todas las trazas de ser un indeseable, sí, pero que acaso lo que hace es improvisar como una rata acorralada por el miedo. Como la novia gitana, que lo encubrió probablemente por miedo. Como el conjunto de su pandilla, que ha callado por ese extraño sentido de la solidaridad que tienen los adolescentes, cohesionados frente el exterior por algo que se parece mucho, en la hostilidad, al miedo. Escucho los comentarios sobre las leyes que amparan el derecho a morir dignamente, y todo hace pensar que la oposición a estas leyes es fruto del miedo a que, con la excusa de que uno no sufra, sus herederos lo quiten del medio. En esta campaña contra la ampliación de los supuestos amparados por la ley del aborto, también late el miedo. Miedo de los creyentes de buena fe a ser cómplices de un asesinato que pondrá en peligro la salvación eterna de sus almas (las de los creyentes). Miedo de la Iglesia Católica a perder su menguante monopolio en la administración del sexo ajeno. Yo me pregunto cuándo empezaremos a ponernos en el lugar de otro: en el lugar de los destrozados padres de Marta del Castillo. En el lugar de quienes, en uso de su razón y libremente, prefieren que los ayuden a morir antes que vegetar penosamente sin perspectiva de futuro por tiempo indefinido. En el lugar de las niñas y mujeres imprudentes o desafortunadas que no quieren arrostrar una maternidad calamitosa. En el lugar de esos futuros niños indeseados que acaso acaben siendo también indeseables. Es muy difícil saber dónde reside la mayor bondad. Pero no parece que vaya a residir mayormente en las coartadas y falacias del miedo.

Diario de Cádiz, lunes 30 de marzo de 2009, p. 9.