El marido de la luna (Apocrypha Gaditana, 3. A Carlos Edmundo de Ory) (2005/02/15)

EL MARIDO DE LA LUNA (Apocrypha Gaditana, nº 3)

El 20 de julio de 1969 Neil Armstrong, comandante del Apolo 11, puso en la Luna la bandera de los Estados Unidos de América. Todos lo vieron casi todo (la retransmisión no siempre era muy clara). Sin gravedad, sin atmósfera, sin sonido, al hincar el asta Armstrong vio algo extraño: un objeto de metal blanco en forma de anillo. A solas, a escondidas (capricho que no previeron los exhaustivos psicólogos), Armstrong pudo leer en su interior una inscripción en cursiva, como una alianza de boda: Carlos Edmundo de Ory, 27-4-1923. No se lo dijo a nadie. En 1971 dejó la NASA y entró en la Universidad, decidido a investigar.

Y descubrió que efectivamente había un Ory poeta nacido en Cádiz la fecha del anillo, afincado a la sazón en Francia. A los 41 años un astronauta de Ohio tuvo que aprender el español suficiente para saber qué quiere decir “lo lejos que se aleja lejándose/ tu lejano lejar de alejadez/ …Lejosanto/ Lejalá alejasiénteme”. Y se veía a oscuras en su cohete, pensando, como Ory, “¿Por qué de noche tengo tanto miedo en el alma?”, “Si Dios no existe no se lo perdono”. Y se recordaba allá en los campos de Wapakoneta, soñando con volar desde que tenía dos años, como “El niño psíquico” de Ory: “Mis ojos son un par de huecos/ por donde penetra la corriente/ del más allá”. Y se volvía a recordar aquel julio del 69 mirando fijamente la cara – ya luminosa, ya oscura- de la Luna, y le parecía que él mismo podría haber escrito aquello de “Amo a una mujer de larga cabellera/ Como en un lago me hundo en su rostro suave/ En su vientre mi frente boga con lentitud/… Mujer pantano mío araña tenebrosa/ …Ya no hay dueños no hay más que suspenso y vacío”. “Tus ojos el alcohol de mi mirada”. “Te amo tanto que duermo con los ojos abiertos”.

Tuvo Armstrong que esperar a 1985 para empezar a entender su odisea, cuando en el poema titulado “No tiene título”, leyó: “Cuando yo era niño un hada me regaló una catedral/ Cuando yo era niño el color azul se puso de pie delante de mí/…Un hombre extraordinario llegó a mi cama/  y hablándome al oído me dijo:/ Yo soy el marido de la luna”. Entonces decidió estudiar a Freud.

El próximo jueves 17 vuelve Ory a Cádiz (Rectorado, Calle Ancha, 19:00 horas). Dicen que se espera la asistencia de un americano que viene por un asunto de un anillo. Todo está escrito. También la copla del toro enamorado de la luna. Carlos Edmundo es Tauro. Armstrong en cambio es Leo, un signo de Sol (o sea, Apolo). Astronomía, astrología, astronáutica, lo mismo da: el cosmos sigue siendo un misterioso pañuelo.

Diario de Cádiz, martes 15 de febrero de 2005, p. 16