El laberinto del fauno (peliUCA) (2007/02/20)

EL LABERINTO DEL FAUNO (peliuca)

Pues resulta que he descubierto el placer de ir al multicines Centro a ver películas que sólo los premios han conseguido devolver a la cartelera. El problema es que voy a la sesión de las cuatro de la tarde y me entra un sueño terrible, así que las pelis las veo, las duermo y las confundo, pero les voy a contar una que es simbólica y si me equivoco puede dar igual: la verídica historia de El laberinto del fauno. Va de una niña que vive entre dos mundos: el real es la posguerra en un monte de Cantabria o por ahí, con un destacamento de falangistas que anda a la caza de maquis; el fantástico es un mundo subterráneo de cuento de hadas, extrañamente concomitante con el de arriba. En medio está la niña huérfana de padre que va con su madre, embarazada y enferma, a reunirse con su padrastro, un capitán sádico que quizá haya sido el asesino del padre de la niña (¿o esto era David y la viuda de Urías?). Allí descubre la niña a un fauno que le revela que ella es la perdida princesa del reino encantado, y que ha de superar tres pruebas difíciles y peligrosas si quiere regresar junto a su padre el rey. Éste era un Rey que se había hecho con el trono entre la aclamación de sus súbditos, pero en cuanto ciñó la corona empezó a cortar las cabezas de sus guerreros más fuertes y levantiscos (como en la campana de Huesca). Porque no era un rey inteligente, temía la inteligencia. Porque era muy ambicioso, conocía el corazón de los ambiciosos. Así se deshizo del Barón de la Comarca Antigua (¿o esto era El Señor de los Anillos?): se valió de unas brujas para cortar cuellos hasta llegar al Joven Heraldo, que quería hacer de embajador de paz. El Rey fingió que aceptaba, lo llevó engañado a una cripta y lo decapitó. Pasó tiempo. El Rey iba dejando el reino desasistido porque a lo que en realidad aspiraba era al Imperio. Un buen día cayó la cabeza de la Princesa de Éboli, que azuzaba con su prepotencia la codicia del rey y vaya uno a saber qué otras cosas. Y otro día cayó el Gran Delfín. Hay quien cuenta este romance de lobos: el Gran Delfín andaba a dentelladas con el Senescal disputándose las presas. Hay quien dice que se interpuso la Reina, que quería el trofeo de un torneo que perdió, y como el Delfín no quiso anular el torneo, Lady Macbeth le dijo al rey al oído que lo matase. Las comadres murmuraban shakespeareanamente: “Nunca imaginamos que un cuerpo tuviera tanta sangre”. Pero el Rey amenazó a todos con la muerte y, como Bernarda Alba, gritó con furia helada: ¡Silencio! Al final la niña murió como todos los niños del mundo, menos Peter Pan. Y nadie dijo nada. Moraleja: Esconde la mano que viene la vieja. (Qué peli tan corta, ¿no?).

Diario de Cádiz, martes 20 de febrero de 2007, pág. 16