El KK Clan (2005/05/31)

EL KK CLAN

Ahora que viene el verano los perros y sus dueños tenemos la vida difícil. La policía local nos persigue por la playa con celo digno de mayor empeño, sin discriminar entre quien recoge y  quien no las deposiciones de su animal. Yo nunca veo un policía cuando los gamberros me fríen a balonazos, las calles chorrean el pis de la movida, o cuando paseo al can por las aceras de mi barrio, que es el de más alta densidad en cacas por metro cuadrado, cosa que da mucho asco pero que no es única, porque lo cierto es que, lejos de la idealizada higiene andalusí, aquí la gente a menudo es francamente puerca, a tenor del resultado. Pero sí que están omnipresentes los policías locales, y muy sobrados de pito, cuando se trata de perseguir a un señor mayor, pacífico, educado y medio sordo (por eso no oye a la primera el silbato) que recoge escrupulosamente los desechos de su perro. Este tipo de infractor es presa fácil y multa segura.

Hasta ahora sólo se da licencia a los perros lazarillos, pero nadie se ha parado a pensar en el bien que hacen esos otros animales que acompañan a la gente mayor, que llenan a veces grandes huecos afectivos y que inducen a sus dueños a hacer vida sana gracias a la obligación de sacar al perro a la calle tres veces al día. Claro que no es admisible que haya cacas en la arena, pero no veo incompatible la higiene con el hecho de que los dueños de perro, más aún los de la tercera edad, paseen a sus canes por la orilla a primera y última hora, en los crepúsculos, cuando ya no queda casi nadie en la playa y los agentes pueden comprobar si los ciudadanos can-habientes cumplen sus deberes cívicos. No veo tampoco por qué en la playa sí y en el resto de la ciudad no se vela por la higiene. ¿Ubi sunt los pipicanes y el personal que debe velar por el cumplimiento de todas las ordenanzas municipales?

Las directrices de sanidad son a veces peregrinas. Por la zona de Chiclana resultaba el año pasado que los perros estaban prohibidos pero no así los caballos, que pasean sin tapón en el ano, excretan abundosos y transmiten no ya repugnancia sino tétanos. ¿Cómo se entiende que el caballo sí y el perro no? Habrá que hacer una huelga a la japonesa: miles de atléticos dueños de rottweilers correteando a los guardias por la playa, a ver si se les quitan las ganas de abusar de la gente mayor que va tranquilamente con su perro, su caca y su plastiquito, en un rallie a Dakar en busca de papelera, sorteando las rajas de sandía, los condones, pañales y compresas que cuidadosamente depositan en nuestro litoral las personas humanas. A ésas no te dirijas, porque muerden.

Diario de Cádiz, martes 31 de mayo de 2005, p. 18.