El I.E.S. Vega del Guadalete (La Barca de La Florida)

Poesía en acción: el I.E.S. Vega del Guadalete

(La Barca de la Florida)

El pasado viernes se celebró en Jerez, dentro del I Encuentro Internacional sobre Naturaleza y Cultura del grupo META de la UCA, una mesa redonda sobre Poesía y Naturaleza. El moderador, Francisco Deco, preguntó si la poesía puede cambiar de veras el mundo. Así dicho, nada puede cambiar el mundo como no sea un cataclismo, pero la poesía sirve para muchas cosas. Los poetas Dolors Alberola y Ángel Mendoza contaron que en sus talleres han visto cómo la poesía puede hacer emerger a niños autistas de su silenciosa soledad. A mí aquel día la lírica me había llevado a La Barca de la Florida dentro de un ciclo concebido por el Centro Andaluz de las Letras con el espíritu de La Barraca: llevar la poesía hasta los confines de Andalucía. Pero en La Barca encontré no un confín sino un centro del mundo: el I.E.S. Vega del Guadalete. No se trata sólo de que un público adolescente vaya entrando en el poema como en lo que éste es: (auto)conocimiento, asombro, búsqueda y belleza. Se trata de que el Vega del Guadalete es un instituto especial. Su claustro -36 personas bajo la dirección del Prof. Juan Manuel Martínez Atance-, viene desarrollando desde que se inauguró el edificio proyectos que responden a una auténtica vocación humanística y docente. El amplio pasillo de entrada es, por iniciativa de Cipriano Egido y Carlos García, una expo de cuadros de los alumnos. Luego está el Proyecto Patio, coordinado por Juan Gómez Márquez, que se propone convertirlo en prolongación del aula. Así, un profesor se siente peripatético dando clase al aire libre en un teatro (neo)grecorromano. A su alrededor está la Avenida de las Culturas, con cuatro mesas para tableros de juegos de todo el mundo. Del otro lado queda el Bosque Mediterráneo, donde se alza un chozo en que irá un museo etnográfico, y va creciendo la flora (acebuche, madroño, cantueso…) y metamorfoseándose la charca. En el espacio pitagórico hay un gran ajedrez, tres polígonos inscritos en circunferencias y un pentagrama que ilustra la fusión de música y geometría. Cada columna del porche lleva un alfabeto y un sistema de numeración. El bosque de piedra exhibe los colores básicos. El rincón de la física dispone de mesa óptica con zoótropos y caseta meteorológica. El huerto está ya en flor, aunque el mapa político de España aún queda por pintar. El Espacio del Tiempo es un reloj de sol donde quien lo use hará de gnomón para que su sombra le dé la hora. Y qué es el tiempo sino un rastro de sombra, nuestra sombra… La pregunta, Paco Deco, puede formularse justo al revés: ¿Acaso hay algo para lo que no sirva -“poiein” significa “crear”- la poesía?

Diario de Cádiz, martes 24 de abril de 2007, pág. 17