El estrés y la nada (2008/07/29)

EL ESTRÉS Y LA NADA

Por fin me convencí de que en julio y agosto no merece la pena pasar calor y hacer cola fuera de casa, y aquí estoy, haciendo lo que más me gusta: NADA. Bueno, nada-nada, no. Quise apuntarme a Chino 1, pero se canceló por falta de matrícula. Fue un alivio porque a medida que se acercaba la fecha calculé que no me quedaba reprís para 60 horas intensivas con tarea on-line. Estaba el japonés, pero no es lo mismo y no me da igual. Voy a yoga, eso sí. A yoga va Patro con noventa y pico años, Paqui con polio y Pepi con parkinson. Es admirable. También hay un hombre, EL hombre. Se llama Manolo. Paseando al perro aprecio la integración con la naturaleza de la constructora Hermanos Peralta, cuyo andamio ha criado enredaderas en la calle Condesa Villafuente Bermeja. Pepe el del Costasol no concursa este año en la ruta del tapeo porque en la edición anterior le dieron el premio, a igualdad de votos, al Corte Inglés, que pone más guita. Gracias a mi vecino Juan sé de la gran satisfacción personal que supone ser de Cejín (Murcia), en una de cuyas herrerías apareció un crismón de hierro del siglo VI. Juan de Cejín lleva el crismón en colgante, llavero y pin. Veo la pechuga de parte del barrio. No es cuestión de interés, sino que en mi playa cunde el topless en todas sus variantes: trasgeneracional (abuela, madre e hija), en cuchipanda (de la primera, segunda y tercera edad), etcétera. Aunque sin premeditación ni alevosía, Sebas el del videoclub, nuestro asesor personal (“Mmm… psss… de verano…”), permitió que mi marido trajese “Atasco en la nacional”, prototipo de película de bajo presupuesto, con eco en las habitaciones y un Pablo Carbonell digamos (por no faltar) que inefable. “Pozos de ambición” (en realidad “There will be blood”) es una peli petrolera psicótico-manierista, lenta y musical. Hablan poco porque son primitivos (y uno, sordo). Podría tener mensaje, quizá. He comprado guantes de CSI para limpiar los baños con precisión forense. Mi media neurona se ilustra leyendo “Decisiones instintivas” de G. Gigerenzer. Tal vez ello me permita acceder a un hijo adolescente que no me deja ni arrimarme y me llama babosilla (babosilla, yo). Incluso sin hacer nada-nada, una tiene mucho estrés.

                                      Diario de Cádiz, martes 29 de julio de 2008, pág. 12