El Efecto Moleskine (2009/10/26)

EL EFECTO MOLESKINE

Me lo compré porque era irresistible: “el legendario cuaderno de notas/agenda de los artistas e intelectuales europeos de los últimos dos siglos: de Van Gogh a Henri Matisse, de las vanguardias históricas a Ernest Hemingway y el escritor viajero Bruce Chatwin, que los adquiría en una vieja papelería parisina”. Lo metí en el bolso pensando que era el mejor conjuro para un dietario inmortal. Pasaron meses sin novedad cuando vine a darme cuenta de que el efecto Moleskine era deprimente: constataba inmisericorde que mi vida carece de inteligencia y profundidad. También era la falta de costumbre: hubo veces que lo necesité pero se había separado del lápiz, y otras que por mucho que rebusqué debió de haber anidado en otro bolso. Finalmente lo estrené con una exposición de Chillida padre y un autógrafo de Chillida hijo (siempre fui fetichista). En sus páginas está una visita a don José Benavente Campos, el médico a quien dedicó Luis Berenguer “El mundo de Juan Lobón”. Don José, que tiene hoy 97 prostáticos pero por lo demás excelentes años, recuerda cómo amistó con los padres del escritor cuando, siendo vecinos de piso en San Fernando, se cayó el tabique medianero que separaba los cuartos de baño de las respectivas viviendas (dice que no había nadie en ellos cuando el destino decidió que intimasen de manera radical). Y el comentario de una paciente salvadoreña que sobrevivió a un accidente: “Nadie se muere la víspera, doctor”. Pero eso es todo en mi agenda, que estuvo ausente un día que a mi padre se le vino a la cabeza un peregrino anuncio de posguerra: “No me jodas en el suelo habiendo Camas Numancia”. Que tampoco estaba cuando mi cuñada contó que ciertos pacientes de El Puerto de Santa María padecen “alvértigos”, dolencia arabizante y lógica por demás en los paisanos de Alberti. Mi agenda ignora que hacer Tai-Chi es como hacer el amor con el aire, y no sabe lo que escribe y demuestra Yann Martel en su novela “Vida de Pi”: que la fe, cualquier fe, como tantas otras cosas que nos ayudan a sobrevivir, es “la historia preferible”. En fin, mi cuaderno de notas no es perfecto, pero mola recordar los olvidos pensando en las iniciativas inmortales de la agenda Moleskine.

Diario de Cádiz, lunes 26 de octubre de 2009, p. 9.

http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/547636/efecto/moleskine.html