El Día de la Bestia (2004/11/23)

                                           EL DÍA DE LA BESTIA

Es sábado y desde la radio una voz nos informa de que celebramos el Día Internacional del Niño: “…el niño tiene todos los derechos del mundo. Cuando sea mayor tendrá deberes, pero, de pequeño, no”. Esta afirmación, mal interpretada, puede convertirse en algo nefasto. Dicho de otro modo, entre los derechos del niño está el de recibir una educación que le vaya inculcando sus derechos y sus deberes desde el principio, y el principio es justamente cuando nace.

La educación consiste en socializar al niño de manera satisfactoria para que la convivencia sea agradable y no un infierno. El diminuto bebé es una criatura inteligente con una arma infalible: sabe llorar. Los padres tienen el deber de atender a sus necesidades (hambre, sed, gases, frío, calor, ternura) y también el de soportar impávidos el llanto del enano que quiere estar las veinticuatro horas del día en brazos. Aquí se libra la primera batalla de la educación y aquí se han perdido muchas guerras. He conocido gente esclavizada, ojerosa, profundamente resentida y con un hondo sentimiento de culpabilidad, que se declaraba vencida por su bebé: “Es que tiene mucho carácter”. A partir de aquí el astuto bebé se va convirtiendo sin sentirlo en el odioso niño que berrea a pleno pulmón, se tira al suelo, patalea e incluso agrede cada vez que le llevan la contraria (cómete la verdura, recoge que nos vamos, se acabó por hoy la tele, dale un besito a la abuela).

Otra batalla perdida es la del por favor y el gracias. Hay quienes piensan que estas fórmulas de urbanidad son las coletillas de la servidumbre, el chip del esclavo, cuando a menudo son el principio de una educación que, más allá del egoísmo natural del ser humano, va inculcando en el niño el respeto al prójimo y la gratitud, dos valores de esos que nos llenan siempre la boca pero que no son infusos.

Lo curioso es que estos padres, inútiles y victimizados a partes iguales, rematan su faena educativa convirtiéndose en los gorilas particulares de sus hijos. Y así, cuando el maestro les cita a tutoría para explicarles que su Pepe o su Marisa son insoportables, reaccionan enfurecidos, en parte porque jamás se reconocerán responsables, y en parte porque es fácil pretender que, ya que ellos fracasaron, es el colegio el que tiene que educar a los niños. Y nunca ha sido así: en el mejor de los casos, la escuela sirve para reforzar lo que se enseña (lo que se aprende) en casa.

Sí. Recuerdo la voz de paloma buchona que salía el sábado por la radio y pienso en lo fácil que puede ser, con la mejor intención del mundo, que el Día Internacional del Niño se nos convierta en el Día de la Bestia.

                         Diario de Cádiz, martes 23 de noviembre de 2004