Don Adolfo y el león de correos (2007/01/23)

Don Adolfo y el León de Correos

            Cadigrafía edita todos los años un calendario inspirado en Cádiz, y el de éste va de curiosidades verídicas. Para acompañar una magnífica foto de Julio González (un primer plano de un león de Correos), me habían encargado una historia. Una mañana de sábado me llegué a Correos. Estaba leyendo los rótulos de los negociados, considerando dónde preguntar, cuando se me acercó un señor muy cortés, de abrigo y sombrero, que, viéndome errática, se ofreció a ayudarme. Era un antiguo empleado de la casa. A sus 86 años recordaba que de niño vio instalar los buzones, pero no pudo contarme más anécdota que una gamberrada episódica. Me hizo gracia encontrar a D. Adolfo tan oportunamente, y le pedí permiso para usar su nombre en un cuento. Helo aquí.

  El León de Correos no tiene quien le escriba

La pareja de leones de Correos se aburría. Desde 1930 ambos solían leer su correspondencia, pero últimamente apenas salían de extractos de cuenta, facturas y propaganda. El León “Cádiz Capital” se distraía con el bullicio del mercado y el carrusel de coros en Carnaval. “Cádiz Provincia, España y Extranjero” se había vuelto en cambio exigente y megalómano: lo que hubiera dado por ser un león de Hércules o del Congreso. Cuando el escritor Fernando Quiñones iba a su matutina vuelta por la plaza de abastos y echaba al correo sus libros para sus amigos (Las mil noches de Hortensia Romero, La canción del pirata…), “Cádiz Provincia” llegó a plantearse si devorarlo para que lo distrajera. Lo cierto es que Quiñones se refería, misteriosamente, a una época creativa que pasó, como Jonás, en el vientre de la ballena, de donde salieron El coro a dos voces y una colección que se iba a llamar “Tusitala” (que es como llamaban a Stevenson -“el contador de historias”- los indígenas de los Mares del Sur). Don Adolfo Victorián García, jubilado de Correos, suele afirmar, a los alegres postres de los almuerzos de antiguos empleados, que la ballena figurada fue en realidad “Cádiz Provincia, España y Extranjero”. La prueba: un día escuchó un gemido que venía de la portezuela del buzón, y al abrirlo encontró a un barbudo que hablaba en sueños. No estaba facturado. Dos huesos de corvina colgados de una cadena no equivalen a un sello, y don Adolfo a punto estuvo de denunciarlo por allanamiento de León. Por cierto: “Cádiz Provincia” se comió parte de los cuentos de “Tusitala”. Ahora es el Guardián del Secreto. No es como ser un león de cuerpo entero de la Cibeles, pero tiene su caché ser como el León de la Metro: una cabeza feroz con mucho cuento.

Diario de Cádiz, martes 23 de enero de 2007, pág. 14