Dobles luces de África (Pilar Millán en el Baluarte y en el Museo) (2007/04/17)

DOBLES LUCES DE ÁFRICA

(Pilar Millán en el Baluarte y el Museo) 

            Como una señal de que los políticos pueden hacer algo más sensato que disputar por el nombre del puente de la Constitución, se nos ofrece una doble exposición de una misma pintora, Pilar Millán, patrocinada por entidades de distinto signo. En el Baluarte de la Candelaria está el origen de una historia. “Érase una vez… África” muestra el proceso de una mujer que comenzó en Kenia una trayectoria amateur de insólita calidad. Viaje tras viaje las libretas de apuntes se fueron haciendo más grandes, la acuarela fue mezclándose con tinta y el color se fue haciendo más simple y matizado. Millán cursó después Bellas Artes en Sevilla y se profesionalizó a través del África subsahariana (su camino de Damasco) y de los cuerpos esbeltos de una humanidad que, más allá de la miseria, la desestructuración social y la violencia, es intensamente bella cuando camina, trabaja, baila, canta, espera, sufre, ríe, se rebela, curiosea o descansa. Si las casamatas del Baluarte son ideales para un recorrido por el taller de la creación, el patio porticado del Museo de Cádiz, con su límpida geometría, parece nacido para albergar lo que allí vemos. De los retratos presididos por palabras de Naguib Mahfuz (“El amor por el mundo es uno de los signos de la gratitud”) elijo “La inocencia”, un niño estremecedor de facciones celestes sobre la pureza blanca del papel. Luego vienen los fanales de las danzas de la cuadratura en azul, sepia y violeta. Siguen, en la parte trasera del gran políptico multicolor que preside el patio, tres anchos cilindros ovales de barro cuarteado (sobre suelo cubierto de lo mismo) que culminan en tres cálidas pantallas. Mi preferida, la mujer tumbada, dulcemente abandonada a la flexión del codo y la ondulación de la cadera (“Descanso”). Otro lado del pórtico contiene trece cilindros de papel que penden del techo a diferentes alturas; trece lámparas silueteadas en tinta y ocres que oscilan con la magia de un rito de iniciación sobre una alfombra de tierra. Una cita de Brancusi (“Lo real no es la forma externa… sino la esencia de las cosas”) apunta a que la médula de esta instalación sea la intimidad luminosa, como un vientre ancestral donde cobraran vida las gentes que pintaron el Tajo de las Figuras. Conducen a otras tres lámparas donde se funden contornos blancos y negros, y el periplo se resuelve en un mural ondulado de “Conversaciones”. Espléndido el montaje en ambos recintos (el Baluarte, el Museo), uno querría que significasen no sólo lo que son sino lo que han venido a ser: una empresa en la que han colaborado dos instituciones nuestras, ahora que vienen las elecciones y el personal tiende a ponerse faccioso e imposible.

Diario de Cádiz, martes 17 de abril de 2007, pág. 16