Crestomatía del español horroroso (2005/10/25)

CRESTOMATÍA DEL ESPAÑOL HORROROSO

Como la docencia es una actividad interactiva, mis muchachos y yo hemos emprendido la confección de una “Crestomatía (o colección de escritos selectos para la enseñanza) del español horroroso”. Se trata de proponer frases horribles, localizar el horror, explicar en qué consiste y proponer alternativas correctas (como “El dardo en la palabra”, pero en provincias). Hoy presentamos dos grandes frentes de batalla. 1) “Lo primero, felicitar a los organizadores de este acto”. En español, la oración principal debe llevar el verbo conjugado, nunca en infinitivo. Podríamos decir lo mismo de mil formas: “Lo primero, quiero/ querría/ debemos/ deberíamos/ es justo/ conviene/ hay que/ felicitar…”. Quizá el no conjugar el verbo principal venga por influencia de un mal inglés. En cualquier caso el error se debe a una mezcla de incultura, vagancia (para qué conjugar pudiendo no hacerlo) y gusto por la asepsia impersonal: el infinitivo no tiene persona, es el sustantivo verbal, exime por así decir de responsabilidad al orador, evita singularizarse, implicarse en el enunciado, mostrar ese “yo” satánico que todos sabemos que existe. A esta aberración la llamamos en clase HABLAR EN TARZÁN: “Transmitirles nuestra satisfacción”, “Huir deprisa”. 2) “Todos aquellos errores les conllevaron al fracaso”. “Llevar” no significa lo mismo que “conllevar”. “Llevar” significa “transportar, conducir”. “Conllevar” significa “implicar, suponer”. Aquí lo correcto sería “llevar” porque se trata de conducir a alguien a algún sitio (“les llevaron al fracaso”). El origen profundo de este error es la predilección que sienten las personas escasamente instruidas por las palabras largas, mejor aún formadas sobre sustantivos que son cultismos. Parece que, cuantas más sílabas tenga un término, más adecuado es. Este vicio se llama SESQUIPEDALISMO (“sesquipedal” significa “palabra muy larga”). El sesquipedalismo abunda en argots recientes que aspiran al prestigio sociolingüístico. Piensen en el lenguaje bancario, que se empeña en que “aperturemos” cuentas e “inversionemos” (“abrir” e “invertir” son términos vulgares que no huelen a tiburón de Wall Street). Los cinéfilos “visionan films” (los domingueros en cambio “vemos películas”). El mecanismo casi siempre es igual: se rechaza un verbo usual (“invertir”, “ver”) para formar un verbo inflado a partir de un sustantivo culto: de “inversión”, “inversionar”; de “visión”, “visionar”. ¿La necesidad? Ninguna, salvo la de sacar un poco más de pecho. En fin, seguiremos informándoles de nuestra esforzada campaña contra las vesánicas deturpaciones de nuestra hermosa lengua española.

Diario de Cádiz, martes 25 de octubre de 2005, pág. 16