Como gustéis (Meditación del arte contemporáneo) (2007/07/10)

COMO GUSTÉIS (Meditación del arte contemporáneo)

La semana pasada, dentro de los cursos de verano de la UCA, tuvo lugar un seminario coordinado por A. Sánchez Alarcón con unos ponentes de lujo, empezando por la directora del Reina Sofía de Madrid: “Nuevos planteamientos en el arte contemporáneo actual”. Las reflexiones que el tema suscita no son pocas. Una cursillista se atrevió a preguntar cómo diferenciar el arte del timo. El filósofo J. A. Marina (Elogio y refutación del ingenio) podría haberle dicho que a veces el arte se ofrece como experimento ingenioso sin afán de trascendencia, para provocar y sorprender. Cabe sentirse provocado o sorprendido pero no tiene mucho sentido darse por ofendido (¿por y para qué?). Otros preguntaron por qué se excluye la cerámica del circuito prestigiado: ahí entra el prejuicio de considerarla artesanía (tradición seriada) y no arte original (aserto cuestionable). Se incidió en la responsabilidad del crítico para orientar a la opinión pública, porque asistimos a una crítica a menudo vacua y esnob, que desdeña por sistema el arte de base tradicional y figurativa (por bueno que sea) y entroniza un arte que se niega a comunicarse con el espectador (quizá no haya nada que decir, o se trate de decir la nada), y cuyos productos no se sostienen sin un discurso que los haga interesantes. Esto supone, de cara al público llano, el fracaso de las artes plásticas como tales: la obra muda, hostil y cara. Otras preguntas iban orientadas hacia los nuevos formatos: ¿quién compra una instalación? ¿Adquirir videoarte incluye el derecho de explotación? Un amigo me dice que el arte contemporáneo pivota excesivamente sobre el receptor: dos vértebras dispuestas sobre una pared blanca pueden ser lo más hermoso, pero eso no requiere arte del artista sino una notable mirada estética por parte del espectador (el art trouvé es un fruto de la vanguardia). Mi hija se queja de que el arte sea (como siempre) un producto de lujo. Lo indiscutible es que el arte es diálogo con la tradición. Es curioso que ahora cuatro exposiciones en Cádiz dialoguen con el Modernismo: Vendaval, en la Sala Rivadavia, tiene mucho de las placas de cerámica de Antoni Gaudí. Lita Mora, en IslahAbitada, expone unas esfinges que se nutren de la Secession de G. Klimt. En Benot Pilar Alonso nos obsequia con infancias playeras deudoras del luminismo de Sorolla. Y algo del impresionismo de estirpe turneriana gravita sobre los cielos crepusculares de Antonio Agudo en la Casa Pemán. Hace un siglo que el mundo intelectual le teme no ya al concepto sino a la manifestación de la belleza. Pero quizá estemos empezando a asistir a una reformulación de la Modernidad.

Diario de Cádiz, martes 10 de julio de 2007