Catálogo Omega (2005/01/25)

Me gustan las casas con tesoros. En la de mis abuelos había un escritorio de viaje que guardaba viejas postales, una brújula de marfil y un pisapapeles de cristal con un escarabajo móvil. Por mi parte, me dedico a llenar cajas y botes con un ajuar variopinto que es remanente de infancia: conchas, piedras, mechones de pelo, el erario del ratón Pérez y cosas por el estilo. También conservo papeles curiosos.

Hoy reproduzco una de mis joyas. Es un díptico en cartulina color hueso. En portada, dentro de una greca artística, lleva el título, “Catálogo Omega”, y la razón de la empresa: “Luciano J. Navas. Libros antiguos, agotados y de ocasión”. Dentro, a la izquierda, un bonito grabado anónimo, “El vendedor de libros”, fechado en Londres, 1867. En contraportada, sobre la dirección en Madrid, otro grabado, que muestra a un hombre leyendo en un atril y tiene toda la hechura de un ex-libris, obra de George Crukshant, 1871. El texto, en la página interior derecha, dice así:

“Estimados amigos, clientes y colegas: Es éste mi catálogo postrero. Mi catálogo Omega, con el que atravieso la meta de la esperada –aunque siempre sorprendente- jubilación. Apreciarán todos ustedes que es éste un catálogo de libros inusual. Y es inusual, ello se entiende, por estar vacío de libros. Pero, a pesar de este vacío, lo que sí encontrarán en él, se lo aseguro, son buenos deseos y agradecimientos hacia todas aquellas personas que tuve la fortuna de conocer durante el tiempo que duró mi actividad. De estos buenos deseos, materia al fin y al cabo espiritual y no física, quiero llenar mi catálogo hasta hacerlo rebosar. Y, para conseguir esto, se necesita poca tinta y poco papel. Vaya, pues, mi despedida encaminada a todos Vds., señores clientes que me han distinguido con sus compras; un abrazo afectuoso a todos lo que, con el trato frecuente, se convirtieron en amigos y, cómo no, finalmente a mis colegas, a los que espero seguir visitando para continuar gozando del aprecio que siempre me dispensaron. No es éste un adiós de viaje largo, pues no me marcho a parte alguna. Es el ¡hasta luego! coloquial que se tributa a los amigos de tertulia después de departir y compartir tiempo y amistad, tomando el último café de la tarde con la seguridad de volver a encontrarlos al día siguiente. Luciano J. Navas, 1999”.

Nunca tuve el placer de conocer en persona al remitente. Ahora puedo compartir con ustedes la rara emoción, un tanto azoriniana, que me sigue produciendo este “Catálogo Omega” -refinado, extravagante, cordial-. Prenda, entre la niebla londinense de estos días, de un oficio noble, de una cortesía victoriana, de un tiempo no del todo perdido.

Diario de Cádiz, martes 25 de enero de 2005, p. 14