Cartas helenas (2005/10/11)

CARTAS HELENAS

          Pues nos fuimos a Grecia, Chari querida, que ellos le dicen Helás. Y en el Peloponeso, y no en la calle Tolosa Latour, conocimos a los dueños de la panadería Los Lunares, porque ya sabes que la vida es absurda y el mundo es un pañuelo.

Es Grecia escarpadamente exuberante, con enormes cipreses y millones de olivos. El mar se ve raro porque la carretera –como nata en plato- discurre a ras de una orilla plana sin mareas. De la belleza de Atenas, Corinto, Epidauro, Nauplia, Micenas, Mistrás, Olimpia, Lepanto, Delfos o Meteora nada diré: quien lo probó lo sabe. Como, tras dos mil años de ocupación, Grecia accedió a la independencia hace dos siglos escasos, y fue ampliando territorio a baches y cachos, hay mucho sentimiento y bandera nacional: clara noción de una empresa que beneficia al común (no como nosotros, señoritos de lance de taifa traicionera). Cierta progresía parece bastante antiturca, mas lo cierto es que hay un caldo común de raíz bizantina desde la música y el regusto a canela en el cordero hasta el amuleto del ojo de vidrio azul y el kombolói (que es un rosario lúdico contra el estrés). La gente es laica pero de tradiciones: las iglesias ortodoxas suelen estar vacías en un estado que es confesional. Grecias hay dos: una invisible donde deben de estar los griegos y otra para ordeñar turistas en moneda europea. Una de ciudades que se ven y por eso no se enseñan, y otra de urbes perdidas, que son las que te explican los mejores guías del mundo. Da lástima ver el expolio que ha padecido el país cuando era colonia (ellos, con ironía, decoraron el metro con las réplicas que les regalaron graciosamente los británicos en vez de devolverles los frisos del Partenón). Y, sobre el dolor del robo, el del tiempo: una carpa cubre hoy el templo de Apolo en Vases, craquelado por los seísmos y la erosión térmica. Considerar lo que se podría hacer allí con el dinero que otros derrochan en parques temáticos, da mucho que pensar.

Atenas es la ciudad de los perros. A los canes y felinos sueltos los mantiene piadosamente la ciudadanía. Hay quien piensa que los griegos siguen rindiendo culto a la naturaleza y que no esperan nada de la inmortalidad. Grecia, que vive primero de la marina mercante, después del turismo y en tercer lugar de las divisas de la emigración, recibe al año unos quince millones de turistas (España, cincuenta). La temporada helénica termina ya, salvo en sus cientos de islas. Cuánto daría yo, ma chère Charí, por vivir de las rentas y marcharme piadosamente con mi familia (que son mis animales), igual que Gerald Durrell, a Corfú.

Diario de Cádiz, martes 11 de octubre de 2005, pág. 18