Carta de Bilbao (2006/06/13)

CARTA DE BILBAO

            Querida Chari: he estado en Bilbao. Yo lo recordaba de hace quince años como una ciudad sucia y oscura con siete calles que eran Las Siete Calles pero así, a pelo, sin nada, donde se comía bacalao al pil-pil y había cuadrillas de jóvenes que daban miedo. Pues ahora no. Ahora hacía sol, y la ciudad es hermosa. No sólo es que construyeran el museo Guggenheim, sino que han recuperado con jardines y fuentes y pasarelas toda aquella zona, que antes estaba abandonada y puerca y ahora es lo más, que no hay cosa que no haya sido diseñada por el mejor arquitecto del mundo, de Calatrava a Foster. El tranvía es galáctico y va por entre alfombras de césped. Mola la fuente sin taza donde los chorros salen del suelo y hay como buches de agua que saltan de un husillo a otro. Pensando en Cádiz y el Museo de Carnaval, me doy cuenta de que los edificios megachulos necesitan espacio: no puedes incrustarlos en medio de La Viña, porque la  “arquitectura anónima” de siempre no se puede revolver con la cantosa, que es de firma. Luego, han cerrado y/o trasladado la industria contaminante y se han llevado el puerto comercial a la boca de la ría. Vuelvo a pensar en Cádiz y no me explico por qué Bilbao puede ser más que Bilbao para crecer y mejorarse, y aquí no hay quien ponga en marcha la Mancomunidad de la Bahía. También han limpiado el casco histórico, antes todo negro, y después de las inundaciones de 1983 restauraron bastantes edificios, empezando por la catedral. La gente esta vez no me dio susto. Claro que no nos socializamos con abertzales ni violentos. Por donde yo anduve parecía más bien que estuvieran cortados de que les miren feo, y deseosos de mostrar que son personas humanas. Lo mejor en Bilbao, aparte de vivir en Getxo, es ser  ingeniero con un futuro de estatua (que es como comparsista aquí), y donar tu colección privada al Museo de Bellas Artes. Conocí a una señora que decía que por sus venas corría toda la sangre del mundo: ella creía que toda la sangre del mundo circula entre un pueblo de Navarra y dos barrios de Bilbao. Lo que demuestra que se puede ser vasca y tonta, pero a ver cómo me vasconizo yo llamándome Pérez. La comida, Chari, no es humana. No son gente grande ni alta, pero no paran de comer y de beber. Cuando yo sea vasca tendré que preguntar a los que bailan el aurresku, que es de hacer mucha tijera con las piernas por el aire, si se puede ser vasco comiendo pajaritos. Ya me he comprado una camiseta de Kukuxumusu que pone “Gernikako Arbola”, y se me saltan las lágrimas escuchando al orfeón de Portugalete. Lo único por lo que no paso es beber ese veneno que llaman chacolí.

Diario de Cádiz, martes 13 de junio de 2006, pág. 18