Barajando el mateado (2009/08/31)

BARAJANDO EL MATEADO

Ahora que estamos a punto de volver a coleccionar las joyas del zapatito y todo eso que inunda los kioscos de cartones, les recomiendo empezar (o seguir) su colección de diccionarios de la lengua castellana o española. Ando con un trabajo que me obliga a buscar muchas palabras de El mundo de Juan Lobón, la magnífica novela que en 1967 dio a conocer a Luis Berenguer. Pues bien, si no fuera por El habla de los pueblos de Cádiz (1999), de Paz Martín Ferrero, yo no podría explicar “urbi et orbe” que tirar a cascaporro es hacerlo a bocajarro, un faratute es un soponcio, gilocho es como borracho, pipileches es un carro con ruedas y gandano es el zorro. El zorro por Tarifa, ojo: que en Arcos, Algar, Paterna, Jimena, Castellar y Setenil se dice “gándano”, esdrújula. Más importante aún es que los señores de la Real Academia se percaten de que la tagarnina no es un cardillo cualquiera, sino un Scolymus hispanicus. (A ver si se han creído que sabe igual que la Cynara cardunculus). Atinar con una definición no es tan fácil. El Diccionario de la Real Academia dice que “sieso” es “ano”: sin paliativos. El Diccionario del Español Actual (1999) introduce una segunda entrada: “sieso/-sa: (regionalismo): persona molesta o despreciable”. Y la autoriza con un ejemplo de El mundo de Juan Lobón, que constituye un auténtico tesoro del habla coloquial y rústica. Pero un sieso es exactamente lo que dice Pedro Payán en El habla de Cádiz (1997): “Individuo de trato difícil, de carácter atravesado, antipático, mala persona, que obstaculiza o hace incómoda la vida de los demás”. En lexicografía queda mucho por hacer. Sólo en internet encuentro que “güichi” es palabra de San Fernando que significa “tasca” y que viene al parecer de cuando en el siglo XIX los taberneros de la Isla servían el whisky aguado (agüichi). Gracias a Isabel Sánchez Buendía me entero de que “rebalusa” es “resbaluza”, o sea, resbaladero o tobogán, pero sólo en Medina Sidonia. Y en un vocabulario de Grazalema veo “encalijo” en el sentido de “cualquier habitáculo encalado”. La de cosas que se aprenden. Como diría un hermano mío: “Pues ya me puedo acostar”. O dar la rabotada, mismamente.

Diario de Cádiz, lunes 31 de agosto de 2009, p. 7.