Bandoleros Tours (2004/11/30)

           BANDOLEROS TOURS

Al escritor Álvaro Cunqueiro le gustaba decir que el hombre es el animal más extraño que existe, y desde luego es cierto. Hay extrañezas banales que no son más que tonterías. Como el Libro Guinness de los Récords, donde salen chalados cuyo mérito estriba en celebrar una boda submarina con veinticinco invitados subacuáticos, lo que inmediatamente impulsa a otro bobo a casarse ante doce buzos más. O como la moda “freak”, que es la extravagancia lindando con la oligofrenia, o una lamentable sofisticación de los monstruos de barraca. Hace poco vi un documental donde salía un lagarto humano, un tipo todo tatuado de escamas de fantasía, incluidos cráneo (rapado) y rostro, que además se había cortado la lengua para que fuese bífida. Andaba juntando para implantarse un rabo basculante al final de la espalda, pero eso es muy caro y de momento se tenía que conformar con una prótesis de quita y pon.

Si hay agencias que organizan aventuras adrenalínicas para ejecutivos estresados (al estilo “supervivencia en la jungla”), resulta que en Villamartín, provincia de Cádiz, el avispado Juan Luis Moreno ha fundado la empresa “Bandoleros Tours”, que es algo parecido pero con componente histórico. Consiste el asunto en apalabrar un secuestro a la antigua protagonizado por José María “El Tempranillo”. Tú vas en tu coche o en tu autobús de los Comes y de repente te corta el paso una partida a caballo que se te lleva maniatado a un carro por entre olivos, lentiscos y viñas, entre fieros gritos y mucho empujón, que realmente es molesto y da hasta miedo. El jefe de la partida, cuando no ejerce de tal, tiene un bar en el pueblo donde atiende con sus grandes patillas de verdad, de pelo suyo. Su apodo es “El Pellejero” y desciende de pellejeros auténticos, un oficio, éste del adobo y mercadeo de pieles, que en su día solía ir asociado al contrabando. El Pellejero es un hombre orgullosísimo de su partida, formada por muchachos de entre diecisiete y dieciocho años que parecen hombres curtidos, y a los que él ha entrenado para que monten y desmonten en marcha y a pelo, capaces de desenvainar una faca enorme como quien dice en el aire (arte difícil), y que además te increpan en estilo de época. Si no me creen métanse en la web y piquen el nombre de la empresa en el Google: allí verán que el paquete incluye turismo natural, gastronomía serrana y hasta flamenco. Lo que no sé es si entra también la degustación de polvorones de la Confitería Juan Moreno, que en formato normal o mini son garantizados delicatessen.

En fin, la vida te da sorpresas, y con esto de las rarezas hay quien hace tonterías y hay quien se saca de la manga un yacimiento de empleo.

                           Diario de Cádiz, martes 30 de noviembre de 2004