Banderita, tú eres gualdaaa (2007/10/16)

BANDERITA TÚ ERES GUALDAAA…

            Andamos otra vez a vueltas con la bandera, y digo yo que por qué no se emiten unos anuncios en la tele, de esos que firma el Gobierno de España, donde se nos refuerce la autoestima española (como en la campaña de “Fulano, Andaluz”). Porque es muy sintomático que seamos uno de los pocos pueblos que se avergüenzan casi de cualquier seña de identidad colectiva. La historia tarda en digerirse, pero es necesario hacerlo con dignidad. A ver si vamos a creer que tras otras enseñas nacionales todo es virtud, o que por despreciar nosotros nuestra bandera los demás van a hacer lo mismo. Quizá tenga que ver con la duplicidad “bandera republicana” (=dechado de virtudes cívicas), “bandera franquista” (=colmo del vilipendio), duplicidad fantasma reforzada por el hecho de que sea Rajoy el que nos quiera asomar con nuestra bandera al balcón. Pero la bandera rojigualda es anterior a Franco, la tricolor no prosperó (aparte de que “republicano” y “liberal” no significa lo mismo que “de izquierdas”) y no se puede a estas alturas andar cambiando de bandera como de corbata. Escoja lo que escoja un pueblo que hoy es soberano (incluso si escoge la república), la bandera es el emblema de ese pueblo en su devenir histórico. Tampoco es para tanto. Ya aquí se nos ha pasado, no el trauma de la guerra civil, pero sí, en gran medida, ese incómodo complejo de inferioridad que arrastramos desde la segunda mitad del XVII, cuando dejamos de ser la primera potencia mundial. Se trataría de volver a razonar, con el ilustrado Feijoo, que una cosa es la “pasión nacional” o patriotera, ciega, chauvinista, belicosa, siempre en perjuicio de terceros, y otra bien distinta el pacífico “amor de la patria”. Éste es apego al suelo natal porque en él están las raíces de nuestra gente y nuestra memoria y porque nuestra patria común es ante todo una cultura y una lengua. Una persona sana ama a sus padres y sus hijos porque son suyos, con sus defectos y debilidades. Del mismo modo se ama una nación y se trabaja todos los días por sacarla adelante. Uno se enorgullece cuando algún paisano sobresale a nivel internacional, ya le den un Nobel, una medalla olímpica o un papel en Hollywood, porque representa de algún modo lo mejor del común. Y cuando uno está en el extranjero es emocionante escuchar la propia lengua. Ya va siendo hora de abandonar esa hispana cortedad con que rehusamos cualquier proyecto común y rehuimos la cohesión interna. En el foro de las naciones tenemos un nombre y una bandera. A ver por qué tenemos que ser los únicos a los que esta idea les ruboriza y estriñe. José Luis Rodríguez Zapatero es presidente de España. ¿O no?

Diario de Cádiz, martes 16 de octubre de 2007, pág. 18