As de corazones (2008/01/08)

AS DE CORAZONES

Este Año Nuevo subí el Nilo escuchando la llamada a la oración de los almuecines. Imagen del paraíso es el río bordeado de palmeras, con sus cultivos verdes al lado del desierto. Y la gente. Los egipcios son en un 10% cristianos coptos y en un 90% musulmanes sunnitas, es decir, seguidores de Mahoma (no de su yerno Alí, como los chiítas). Egipto es religioso. Las mujeres van con pañuelo o con la cara cubierta con el chador. Encima del chador una adolescente lleva un pañuelo de encaje blanco y pedrería, con una coquetería enternecedora. Las novias de El Cairo se casan por el rito musulmán vestidas de princesas occidentales. Nos llama la atención la cantidad de varones con un cardenal (incluso tres) en medio de la frente, por su costumbre de rezar cinco veces al día postrándose en el suelo. Nos explican que no todos tienen cardenal, que depende de la constitución craneal y de la alfombra que usen. Hemos visto rezar a policías de servicio sobre papel de periódico. El guía nos cuenta que cuando hizo el servicio militar en el desierto podía orar sobre su camisa, pero hacía tanto frío que se postraba sobre el suelo. La oración se puede posponer por motivos de trabajo pero el débito se acumula. En todas partes (aeropuertos, hoteles) pequeñas pegatinas indican a los fieles dónde está la Meca, la dirección en que rezar. Otro guía, forofo de Sadat, nos enseña la ciudad de los muertos y comenta que en el Egipto musulmán persiste la costumbre (heredada de la época faraónica) de erigir mausoleos más lujosos que la propia vivienda. La eternidad era, es, lo que más importa. Esto, dicho por un hombre joven y liberal, conmueve. No podremos acercarnos al mundo musulmán si no aceptamos que son gente de fe. Ellos creen que los europeos seguimos siendo cristianos. Le explico al guía que vamos a la iglesia a bautizos, bodas y funerales, pero en lo demás somos tan materialistas como los norteamericanos. Suena feo quizá. Es lo que hay. Y sin embargo nos une una sociabilidad mediterránea. Un comerciante del barco, al despedirnos, me dice: “Señora Ana, lo importante en la vida es sonreír”. Y yo sé que Johanna, un tipo sabio que sabe de corazones tanto como de joyas, tiene razón.

Diario de Cádiz, martes 8 de enero de 2008, pág. 16