Alzheimer, cuerpo oscuro (2006/05/23)

ALZHEIMER, CUERPO OSCURO

Alfred Adler consideraba que el artista de genio cumple una función: enseñar a la colectividad a ver, a pensar, a sentir. Anthony Storr señala que el arte no es tanto una huida de la realidad como un intento de adaptarse a ella por otra vía: dándole nueva forma, dominándola. Recuerdo todo esto leyendo el último poemario de la cordobesa Juana Castro (n. 1945), Los cuerpos oscuros, publicado en la prestigiosa Hiperión. Estos cuerpos oscuros son los de los enfermos de Alzheimer, y el libro tiene un origen vivencial. Estremecen estos poemas donde la autora habla con la voz de una identidad que se desintegra. En el poema “Brasas” una anciana habla de su marido joven pero no lo reconoce en el viejo que duerme a su lado: “Él es alto y derecho, / le saca dos cabezas a la lámpara, / tiene ojos azules / y un ciento de estorninos en el pelo. // (…) // Él tiene dos columnas / de miel junto a su hacha / y extiende cara al frío / la vara de su fuerza.  // Pero éste es un viejo / arrugado, maltrecho y con dos dientes / que ladea los pies y la cadera / y que comba la espalda como un preso. / Y ya ves, ni me habla: / veintitrés telarañas en los párpados. // -Cómo va a ser éste mi marido”. En otro, “Asechanza”, se nos ofrece una imagen perturbadora de la distorsión de la mirada: “La serpiente se enrosca como un naipe de oro / en mi memoria, / y yo le doy mi frío. // La serpiente es un dado / de seis cabezas romas / que duerme en las orillas de mis ojos / y me roba las lágrimas. // La serpiente no sabe que la espío / cuando baja en la sombra, / envuelta en la maraña de la duda / a beber en mis labios. // La serpiente es mi hija. / (Que no lo sepa nunca)”. Otras veces la voz poética se corresponde con una persona sana, como en “Retornos”: “El mundo es una fiesta. / Lo inauguran hallazgos, caracolas, / flor de carne, batir / de mariposas. // Pero acaba el viaje. / Y hay que ir hacia atrás / des-aprendiendo nombres, / des-conociendo pájaros y trenes, / des-memoriando calles, / rubores y palabras. // (…) // El mundo es esa fiesta / que nos deja desnudos, / ave-estrella / o lombriz / desplumada / latiendo, / latiendo todavía en la condena / de un amor ensañado / que en su vergüenza olvida / también la sola fiesta de morir”.

Decía José Hierro que la gente no compra ni lee poesía pero disfruta escuchándola, que es como nació: poesía oral, que lleva en el sonido el conocimiento y la belleza. Yo creo que es verdad. Si quieren comprobarlo, pueden acudir al recital de Juana Castro mañana, miércoles 24, en la Delegación Provincial de Cultura (Cánovas del Castillo, 35), a las ocho de la tarde. Entrada libre. No se arrepentirán.

Diario de Cádiz, martes 23 de mayo de 2006, pág. 18