Aita Tettauen (Ojos de manantial) (2007/06/12)

AITA TETTAUEN (Ojos de manantial)

Estos días se celebra en Tetuán la Feria del Libro. Tras pasar los demenciales controles de frontera, la costa marroquí es una urbanización ininterrumpida cuya prosperidad no alcanza al valle de Tetuán, con sus casi 400.000 habitantes. En la antigua capital del protectorado no quedan apenas españoles, aunque algunos moros han conservado y transmitido la lengua. Hay tetuaníes que consideran que con España se vivía mejor. Los barrios míseros, donde ni la policía se atreve a entrar, alimentan el fundamentalismo y funcionan como pequeñas taifas coránicas. La Avenida de Muhammad V, arteria social que conserva nombres españoles en sus comercios, desemboca en la Plaza del Rey, donde la antigua sede del gobierno colonial ha sido transformada en palacio real, flanqueado por minaretes rematados por potentes focos estilo tecnoandalusí. Protegida por la policía, la Plaza está vedada al público, como si el poder real fuera un gran vacío inviolable (la dinastía alauí desama el indómito norte rifeño) en medio de un hervidero donde da comienzo la medina, la más grande de Marruecos y Patrimonio de la Humanidad. Al otro lado de ésta, frente a su Puerta del Mar (Bab al Okla), una auténtica joya: la Escuela de Artes y Oficios creada en 1928 para salvaguardar las artes hispanomusulmanas (Tetúan dependió del reino de Granada y acogió a sefarditas en 1492). Fue concebida como un palacete tradicional por el artista granadino Mariano Bertuchi, y alberga una colección maravillosa de alfombras, puertas, muebles, joyas, rifles, cerámica… La lectura de poesía tiene lugar en un salón con cúpula de artesonado incrustado de plata y sustentada en columnas revestidas de mosaico. Un anciano y educadísimo señor, Malik Bennuna, pariente quizá del Bennuna que fue Mohtasib de Tetuán y colaborador de Bertuchi, se ofrece a leer dos poemas escritos por él en español al estilo de las moaxajas. Me vienen a la memoria Las crónicas de al-Ándalus de Quiñones: “En el tiempo de la ignorancia y aun después,/ la poesía nos habló de todo/ y se la sabían todos de memoria…”. Por la noche asistimos a un espectáculo flamenco. El entusiasmo del público marroquí es notorio. Detrás de nosotros un hombre jalea al cantaor: “¡Cariño!”. La bailaora le arranca un grito surrealista: “¡Ole, la luna!”. Cenando en lo que fue el palacio de un visir, las dos chicas que atienden el puesto de libros de la Diputación de Cádiz, Verónica y Ruth, cuentan su visión de la ciudad. La miseria. Los tullidos que hacen saltar las lágrimas. Tetuán. Parece cobrar otro sentido el nombre bereber “Aita Tettauen”: “Ojos de manantial”.

Diario de Cádiz, martes 12 de junio de 2007, pág. 19