Ágapes pascuales (2005/12/20)

                                              ÁGAPES PASCUALES

Aquí Mariano, alienígena gaditano, evacuando informe de rutina. Dijeron en la oficina que el doce de diciembre tocaba almuerzo navideño. Yo pensaba ponerme malo, pero mi mujer –diseñadora de mi itinerario curricular-, miróme por debajo de sus arcos superciliares y díjome: -Pues va a ser que te socializas con la directiva, Mariano. Total, que allá fuimos a confraternizar a una venta de Puerto Real, donde, aparte de los miriápodos de la pared, atendía un solo ser humano de inmensa discreción: casi logró que no lo llegáramos a ver. Pero muy simpático el hombre, eso sí, en sus esperadas apariciones. Primera sorpresa: la fuente de frito gaditano. Yo me creía experto en peces difuntos, pero a la quinta cerveza lo mismo te da que lo que estás comiendo sea pescado abisal o el octavo pasajero. En ese estado de euforia suceden transformaciones. El jefe, negrero fatuo, taimado y suspicaz, resulta un tipo majete, muy pendiente de los estudios de tus hijos (obviamente, no se quedó hasta el final). Sara y Luisa departen incansables y van ya por ansiolíticos, osteópatas y masajistas. Bibi, la longeva pantera juvenil, practica la contaminación acústica de los oídos masculinos con un crescendo de picardías. Marcelo el contable le sonríe con estreñimiento (sólo bebe agua mineral). Óscar intenta batir su marca personal de contador de chistes bestiales, mientras Sánchez se los festeja con hilaridad tan histérica y coqueta que empiezo a comprender por qué, con tantos hijos como tiene, le llaman la hiena criptogay. La compañera que en el trabajo te mira con cara de rebose de tanque de fuel, y procura darte siempre los impresos que no son, a la altura del champán te sonríe con parpadeos tornasolados de Eurosúper Sin Plomo, como invitándote a compartir vertidos tóxicos. Juraría que es la mano del gerente Ordóñez la que repta por el muslo de la becaria. Hay mucho sexo aquí (o tal vez “género”, no sé). Debe ser cosa del mar etílico. Se cantan villancicos zafios y se berrean consignas : “En 2006, los fumadores os jodéis”. En el amigo invisible casi todos los regalos son parches de nicotina. Es de noche cuando nos disolvemos y empezamos a hacer eses con nuestros monovolúmenes por recónditos carriles, para sortear el punto de la carretera donde se sabe que anda apostada la guardia civil para sorprender a los honrados trabajadores tras sus alegres ágapes pascuales. Llego a casa y mi mujer me llama golfo borracho de mierda y me da con la puerta en las narices. Creo que no entendí bien su concepto de socialización curricular. Entonces me compunjo, pero pronto me entra un sueño profundo y me voy olvidando de todo. …Fun, fun, fun…

Diario de Cádiz, martes 20 de diciembre de 2005, pág. 16