Acoso laboral (O quién le pone el cascabel al gato) (2007/02/13)

ACOSO LABORAL

(o quién le pone el cascabel al gato)

          En un contexto cada vez más competitivo prospera el acoso laboral (mobbing) entre la indiferencia connivente y el desconocimiento de la ley. El acosador se vale de una posición de ventaja que utiliza para zancadillear, humillar y anular a quien sospecha que puede constituir competencia peligrosa. A esto se suelen sumar otros trasfondos: el acosador padeció antes una historia de acoso, infamia o vergüenza; o un complejo de inferioridad física o sociocultural del que no consigue resarcirse por mucho éxito que obtenga; o puede ser un paranoico. El acosado sufre el bloqueo de toda aspiración profesional, es (contra ley y razón) sistemáticamente ninguneado, recibe insultos y amenazas tanto a puerta cerrada como ante un público que, en virtud de intereses creados, o bien calla y peca por omisión de auxilio, o bien forma la pandilla que amplifica la voz de su amo. El acosado puede acabar desprovisto de visión objetiva de las cosas: cae en la obsesión, depresión, ansiedad, cualquier forma de somatización del sufrimiento, mientras pierde la autoestima, soporta vejaciones y se marchita. A veces muere. Hay quien desarrolla un inmenso amor propio (resistiré), sin conseguir tampoco nada positivo. PERO ESTO NO TIENE POR QUÉ SER ASÍ. El derecho laboral estipula que toda empresa, privada o pública, tiene que evaluar periódicamente sus condiciones de trabajo, lo que incluye el ambiente laboral. Para ello o cuenta con un servicio propio de prevención de riesgos laborales o contrata uno externo. Esto lo deberían hacer las empresas por propia iniciativa pero a menudo no lo hacen, menos aún las públicas. Para obligar a cumplir la ley el acosado puede interponer una denuncia a través del juzgado o la Inspección de Trabajo. La denuncia conviene que venga avalada por un informe psiquiátrico que certifique los daños sufridos por el denunciante. Luego se procede a investigar en paralelo el entorno laboral, evaluando sus riesgos psico-sociales (una medición de relaciones y tensiones interpersonales) y los posibles atentados al derecho y dignidad del trabajador. Es un proceso delicado donde los técnicos se enfrentan a muros de silencio, pero no es imposible. Si la empresa hace oídos sordos al dictamen de la Inspección, será sancionada una y otra vez hasta que sanee el ambiente laboral con las medidas pertinentes. Esto no garantiza que el acosador reciba la pena que merece, pero el procedimiento demuestra que nadie está por encima de la ley. En suma, el ciudadano debe asumir que la justicia existe, pero no actúa sola: para ponerla en marcha siempre hace falta alguien que le ponga el cascabel al gato.

Diario de Cádiz, martes 13 de febrero de 2007, pág. 15