Acción de Gracia(s) (2006/12/05)

Acción de Gracia(s)

 Para Inma y José Luis

            Pues me fui a Madrid. “Puedes pasar por la Residencia de Estudiantes: hay una exposición de Juan Ramón Jiménez”, “Inauguramos una colectiva en la sala Equis”, “¿Irás a la Biblioteca Nacional?”, “Ahora está el Circo del Sol”, comentaban amistades y compañeros. Y daba corte decir: “No, si sólo voy a comprar un abrigo a mi hija y vuelvo”. Esto es muy poco intelectual, y además supone autoritarismo y desconfianza antiposmoderna, como si la prole, mayor de edad y votante, no fuera capaz. Lo sé, pero qué le voy a hacer: mi hija sostiene un permanente idilio con bacterias y virus y una ha visto chavales que llevan pantalones por debajo del culo (con perdón) ahora mismo, en invierno y en Madrid; ha visto barbies en Nochevieja con short de terciopelo y cacha al aire libre en una esquina ventosa de Argüelles (Cádiz); sabe de la afición juvenil a calzar unas babuchas discípulas de Bruce Lee: “Be the acera, my friend”. Y una sufre y actúa con su sangre latina de “mamma” invasiva impresentable.

            A la vuelta de Madrid, con la íntima satisfacción del deber cumplido, me encuentro en el correo electrónico el mensaje de una amiga que acaba de ser madre de una niña congoleña de ocho años. El texto dice así: PRIMERA NOCHE EN CASA, SU BELLEZA, SU PARAGUAS ROSA. Y tres maravillosas fotos de la pequeña Gracia. En este momento recuerdo una frase de Goethe que hace poco citaba el escritor gallego Manuel Rivas: “No sé si existe Dios, pero sí sé que hay momentos intensamente espirituales”. Esta nota escuetísima, tierna y eufórica es uno de ellos. Ahora podrá mi amiga acceder al privilegio de arropar a Gracia todas las noches, de no poder ir a muchos sitios porque a los niños no gusta dejarlos solos o inciertamente acompañados o con el horario al revés. Ahora mi amiga podrá volver a aprender los huesos y músculos del cuerpo, las comunidades autónomas (uni y pluriprovinciales), las reglas de los números romanos. Podrá volver a creer en los Reyes Magos y arriñonarse cogiendo caramelos en la Cabalgata. También disfrutará de las reuniones de colegio donde ciertos padres y madres hacen dudar de que el ser humano sea un animal racional. Y cuando Gracia crezca tal vez mi amiga salga a comprarle ropa desplazándose hasta el infinito y más allá para que nunca tenga frío. “Pues andáis en las palmas, / ángeles santos, / que se duerme mi niño, / tened los ramos. (…)/ Rigurosos yelos / lo están cercando, / ya veis que no tengo / con qué guardarlo. / Ángeles divinos, / que vais volando, / que se duerme mi niño, / tened los ramos”. Sí, ha llegado Gracia: ahora, realmente, es Navidad.

Diario de Cádiz, martes 5 de diciembre de 2006, pág. 16