Don Quijote o la lucidez de la locura (Crónicas cervantinas, 1) (2016/05/03)

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CRÓNICAS CERVANTINAS, 1.

Don Quijote o la lucidez de la locura

Ana Sofía Pérez-Bustamante

El 26 de abril se inauguró en la Diputación, con una conferencia y una exposición, el ciclo de HOMENAJE A MIGUEL DE CERVANTES que organiza la Real Academia Hispanoamericana de Cádiz, con el patrocinio del Ministerio de Cultura y la colaboración de la Universidad de Cádiz y el TEAR de la Armada.

La conferencia estuvo a cargo de Rogelio Reyes Cano, catedrático de Literatura Española de la Universidad de Sevilla, que dio una lección magistral sobre una de las claves estructurales del Quijote: la figura del loco-discreto.

Hay toda una “literatura del loco” que arranca de la cultura clásica, se transmite a lo largo de la Edad Media mezclada con los ritos carnavalescos del “mundo al revés” y culmina con el Elogio de la locura (1511) de Erasmo de Rotterdam. En toda esta tradición se tiene una concepción liberadora y positiva de la locura: desde su posición marginal, donde se unen desvarío y misteriosa lucidez, el loco es el único ser libre para hacer y decir en voz alta todo lo que se le pasa por la cabeza, y para desenmascarar, con divertido desparpajo, todas las convenciones e hipocresías de la sociedad. A efectos creativos, el loco discreto “funciona” como una eficaz herramienta de crítica social.

La huella de Erasmo es particularmente apreciable en la segunda parte del Quijote, la más honda e innovadora, gracias, paradójicamente, a la intromisión del misterioso Avellaneda: aquel desconocido que, bajo un nombre falso y desde una editorial inexistente, quiso aprovecharse del éxito del best-seller que fue la primera parte del Quijote (1605) para sacar, en 1614, una secuela donde le faltaba al respeto a Cervantes (aún no se sabe de cierto por qué razón), y además desvirtuaba el carácter de don Quijote y Sancho, reducidos a meros mamarrachos ridículos. Cuando se entera de que Avellaneda se le ha adelantado con una segunda entrega del Quijote, Cervantes reacciona contra el falsario “desde dentro” de la novela misma que en ese momento estaba escribiendo, en una vuelta de tuerca genial. Y es entonces cuando se produce la definitiva transfiguración de don Quijote y Sancho Panza, que pasan, de pareja de loco con paleto, a maestros de humanidad y sabiduría. Y de buen humor.

El genio creativo del siglo XVII, repartido entre nombres como los de Cervantes, Shakespeare o Velázquez, percibe de qué manera a la nueva sociedad le corresponde no un héroe épico al estilo de la caballería medieval, sino un héroe ambiguo, problemático y fronterizo, en la estela  de Lázaro de Tormes.

En este punto el profesor Reyes Cano pasó a centrarse en el mucho juego que le dan a Cervantes los cuentos y chascarrillos de locos predicadores, predicadores locos y locos agudos. Reyes Cano comentó tres ejemplos de historietas de locos extraídas del segundo Quijote, el de 1615. Los dos primeros se incluyen en el prólogo que escribe el autor a esta segunda parte, y son dos anécdotas que utiliza Cervantes para contraatacar a Avellaneda, a quien por vía de parábola llama –muy irónica y elegantemente-, algo así como “hijo de perra”. El tercer ejemplo, mucho más elaborado y complejo, es un cuento puesto en boca del Barbero con el que este sensato personaje intenta disuadir a don Quijote de sus locas pretensiones caballerescas. Pero Don Quijote, que capta perfectamente la intención, se desmarca de ella manifestándose como un personaje discreto… que reivindica con delicioso humor su desaforada y loca y anacrónica sed de ideal y de aventura.

El acto sirvió asimismo para que arrancase la exposición de RETRATOS CERVANTINOS del artista gaditano José Alberto López. En una línea plástica emparentada con el fauvismo y el expresionismo, que también interesó en su día a los Costvs, se presentaron los retratos de Don Quijote y Dulcinea del Toboso.

Diario de Cádiz, martes 3 de mayo, p. 52.